Sencillamente divertido y brutal. Según nuestra muy humilde y cuestionable opinión, esos serían los adjetivos perfectos para describir esta novela de Nathanael West, una joya de la literatura satírica americana absolutamente desconocida, como suele suceder con esas obras literarias que ponen en el escaparate de este mundo toda la mierda que contiene: o bien se ignoran o bien se malinterpretan.

a coolDescubrir a Nathanael West debería ser una obligación. Nathanael West forma parte de la Generación Perdida americana (junto con John Dos Passos, Erskine Caldwell, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Ezra Pound y Francis Scott Fitzgerald), lo cual ya nos aproxima bastante a este tipo de jóvenes escritores que se sentían anulados y olvidados por la sociedad de la época. Actualmente más que perdida, nuestra generación es una generación mierda (pues nos tratan como tal). El nihilismo evoluciona y progresa… Pero sigamos con Nathanael West, cuyo nombre verdadero era Nathan Wallenstein Weinstein, neoyorkino de familia de judíos germanoparlantes de origen lituano. Llegó a trabajar en la construcción, a dirigir un hotel y finalmente fue contratado como guionista para Columbia Pictures para películas de serie B. Ninguna de sus novelas le permitió vivir de ellas y, de hecho, ni siquiera fueron reconocidas. Gran amigo de Scott Fitzgerald, murió en un accidente de coche un día después de conocer la muerte de su colega.

A Cool Million: Desmontando a Lemuel Pitkin es una especie de ‘Cándido a la Voltaire’ pero mucho más chungo y cruel. Una crítica feroz al sueño americano que el capitalismo salvaje siempre ha tratado de vender. Un desmantelamiento de las estrategias de los que necesitan el capitalismo para aferrarse al poder. West nos arranca ese estúpido velo de malla que nos ha convertido en unos auténticos cegatos. Y para devolver la vista a nuestra conciencia nos va a relatar una historia dura y cómica de cómo el capitalismo cosifica a los individuos y los trata como cerdos, en el sentido de aprovecharse de ellos hasta en la última parte su cuerpo y su alma.

Lemuel Pitkin es un joven americano que quiere triunfar en la vida (vaya, un emprendedor… ¿nos suena de algo?). Pero no lo va a tener fácil. Primero va a ser desahuciado  junto con su madre; por ello decide salir de su hogar para buscarse la vida y tratar de salvar a su familia. Lemuel es un joven ingenuo, que cree realmente en ese sueño americano que tan bien le saben vender los que precisamente van a ‘venderlo’ como individuo. Aquí tiene mucha culpa un ex presidente de los EEUU (un banquero) que le convierte a la fe del americano triunfador que con la sola fuerza de su voluntad puede llegar a conquistar el mundo. Junto al joven Pitkin también aparece una mujer, Betty, cuyo destino desgraciado va a ir parejo al de su amigo.

Nathanael West2Todos engañan y explotan al joven Pitkin. A pesar de creer en la bondad humana y confiar desinteresadamente en la gente, todos acaban traicionando al joven Pitkin. Le roban lo poco que tiene, acaba en la cárcel por error y en la misma le quitan todos sus dientes y contrae una terrible enfermedad pulmonar por los maltratos sufridos allá dentro. Pero las calamidades no han hecho nada más que comenzar: después de salvar a una joven rica de ser atropellada, pierde un ojo y encima casi le acusan de ser el culpable del incidente, logra un trabajo -gracias a ser tuerto- que en el fondo es una trama de estafas, su amiga es violada y finalmente convertida en esclava sexual en el burdel de un chino despiadado, el propio Pitkin acaba en el mismo burdel como chapero pero logra escapar en el último momento (justo cuando un ‘marajá’ se lo quería beneficiar), trata de rehacer su vida con la joven como buscador de oro, pero al final la joven es violada nuevamente y él pierde la cabellera y una pierna a manos de unos indios un tanto descerebrados. Al final el joven Pitkin (que apenas tiene  18 ños) se convierten en un freak, un monstruo que es expuesto al gran público, como el último superviviente de los ataques de los indios, un joven tuerto, sin dientes, sin cabellera y con una sola  pierna. Al final el joven Pitkin muere asesinado de un disparo mientras pronuncia un discurso como actor durante una revuelta política de lo más estrafalaria. Así, el muchacho se convierte en un mártir de la causa americana, y hasta su cadáver es aprovechado por la posteridad, tanto por su madre como por Betty. El capitalismo feroz y la sociedad que lo sustenta han utilizado cada átomo del ser humano que fue Pitkin, y lo han rentabilizado hasta límites insospechados. Y es lo que nos espera a todos nosotros, como simples proletarios de siglo XXI.

“La cárcel es su primera recompensa. La pobreza, la segunda. La violencia, la tercera. La muerte, la última”. Así se resume el destino de Pitkin. Un individuo absolutamente desmontado por una sociedad cruel y egoísta que trata a quienes la conforman como cosas cuyo único fin es ser usadas, y de las que poder sacar una buena tajada. Porque cuando la idea del sueño americana caga lo que tenemos es la historia de A Cool Million.

n3Es lo que hay, señoras y señores, y esto ya lo sabía un joven americano de casi principios del siglo pasado. En la breve novela de West aparecen temas tan actuales como el papel de los sindicatos oficiales como instrumentos al servicio del sistema y no del trabajador, o el echar la culpa a la influencia extranjera de la desgracia nacional, etc… Hay cosas que no han cambiado, y si no lo han hecho es precisamente porque siguen funcionando, y si funcionan es porque los que las padecemos no hemos sabido sacarlas a la luz, desentrañar su sistema y denunciarlo. De ahí que este libro de West sea como el Cándido gore del siglo XX y también XXI, pues es una absoluta denuncia de las estrategias ideológicas que el capitalismo (que nos es otra cosa que una oligarquía muy concreta) utiliza para explotarnos hasta la última gota de nuestro ser.

Literatura para sacudir las conciencias, para golpearlas  y empujarlas, y así tratar de despertarlas. Una historia, como decíamos, cruel, salvaje, brutal y que sin embargo está contada de tal manera que en ocasiones provoca la risa. Una risa que se acaba helando en el rostro, y lo acaba congelando. La cruda realidad no podía  menos que ser contada por un tipo que se enmarca dentro de una generación perdida. Y nosotros, esta segunda generación de jóvenes perdidos y convertidos en mierda deberíamos retomar estos ya clásicos underground y tomar el testigo. Que traten de convertirnos en mierda no significa que lo seamos. La revolución también empieza por tratarse uno mismo, a sí mismo, no como un desecho sino como lo máximamente digno de ser valorado, una persona.