Esto es un paseo. Un planeo sobre lo que me gusta llamar las Canicas del Espectáculo. Para entender el concepto, sólo es preciso imaginar tu mano posada encima de un grupo de canicas. Sabes que al mover la mano algunas se escaparán a tu control, pero no pretendes cercarlas, acorralarlas, asegurarlas; simplemente planear sobre ellas. Postular, nunca dogmatizar. Suponer, preguntar. Así es cómo propongo la lectura de éste y del resto de artículos que vendrán.

El suelo por el que deslizo hoy mis canicas está estrechamente (aunque no absolutamente) relacionado con el reconocimiento en el mundo del cine.

Hay trabajos que lo más justo es que no pasen inadvertidos. Por este motivo, y en vistas de que la próxima celebración de la entrega de los Oscar de la Academia está cerca (24 de Febrero), me he propuesto inaugurar la sección con una pequeña reflexión y/o consideración acerca de algunos de los nominados, planeando sobre títulos, categorías, nombres propios y otras canicas del séptimo arte.

Django

Mi atención se centra, sobretodo, en la última de Tarantino, Django Desencadenado. No voy a hacer un análisis de la obra ni spoilers (eso nunca), ni comentarios al respecto, puesto que todavía no la he visto. En España se estrena el 18 de enero, y espero el momento en el que pueda disfrutar en el cine del sonido de las espuelas, ver herraduras clavadas en extensas llanuras y el color rojizo de la sangre mezclada con el polvo del árido desierto, marco de un western que Tarantino me convenció de ver desde que empezó a insinuar que traería trabajo nuevo en 2013. Si se tratara de mi colección de canicas, ésta seria la favorita, la que destaca entre las demás, la que nunca prestas a nadie ni sacas al parque por miedo a perderla. Es aquella a la que sigue tu mano de modo que jamás se escapa. Contando ya en su haber con 2 Globos de Oro (Mejor Guion Original a Quentin Tarantino y Mejor actor de reparto para Christoph Waltz) Django cabalga hacia los Oscar con 5 nominaciones, entre las cuales echo de menos la de Mejor Banda Sonora, algo en lo que Tarantino nunca defrauda.

La banda sonora de una película no es un complemento. Forma parte del todo y es un elemento crucial y definitivo para despertar sensaciones en el público. Es la canica de cristal transparente con una ristra de color en el centro que no se puede desprender. Cómo Misirlou al inicio de Pulp Fiction. Inseparable. En esta categoría parece ser que este año la Banda Sonora de Skyfall, de Sam Mendes, se erige como favorita, habiéndose llevado ya, con la voz de Adele y el compositor Paul Epworth, el Globo de Oro por la Mejor Canción Original.

Hay una canica especial, que evoca el pasado de forma definitiva. Una de esas joyas sin las que no podrías pasar por viejas y gastadas que estén. Es con la que menos juegas por miedo a destruirla todavía más, y si puedes, la guardarás indefinidamente para mirarla de vez en cuando y sonreír al recordar los tiempos en que ganaste con ella. Las películas de animación tienen algo de eso. Frankenweenie, de Tim Burton, es una de las nominadas este año. Y a pesar de ser Tim Burton, creo que me quedo con el corto previo a la película y del cual ésta deriva. Demasiado dirigida a un público joven que ya no juega con canicas: juega a consolas portátiles dónde matan a muchos malos pero en los que en la trama no hay novedad. Es el mismo Tim Burton que llevamos viendo los últimos años, con un perfil de personajes que se repite. Teniendo en cuenta que el Globo de Oro en esta categoría se lo llevó Brave, no descarto que se lleve también el Oscar.

Una de las canicas más chocantes y que ha salido despedida lejos del campo de juego vino de la mano de Ben Affleck, que se llevó el Globo a Mejor Director por Argo sin estar siquiera nominado a los Oscar en la misma categoría. No obstante, Argo cuenta con 7 nominaciones, entre ellas la de Mejor Película. En ocasiones ocurre. No siempre pierdes la partida.

Hay 24 categorías en los Oscar y muchas películas, cortometrajes y documentales sobre los que debatir. Éstas son las canicas que, tras moverlas, siguen bajo mi mano. Aquellas con las que me quedo para jugar mi partida. Y me abandono a la ilusión de ir encontrando a lo largo de los días las que se me han escapado. Y me reservo el placer de sacarles brillo y mirar a través de ellas para descubrir la novedad en la certeza del que aprende que, si esperas un poco más, lo desenfocado acaba revelándose a los ojos de su observador.