Ajedrez emocional, de Ingrid Garasa

Dos jugadores frente a frente. Entre ellos un tablero, paisaje de coordenadas en el que se clavan como chinchetas en un mapa el deseo, el amor, la melancolía, las dudas, el olvido. La realidad es un baile entre blanco y negro, un juego de emociones contradictorias pero coexistentes. En esa dualidad se desarrolla la partida. Cada poema un movimiento, cada verso nos acerca o nos aleja del final del juego. Los peones: las palabras y el silencio que se esconde en el lenguaje. La comunicación muda y a la vez todo lo contrario: fonemas a gritos. Porque si hay...

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