Pones el capítulo y empieza con un silencio absoluto. Un pequeño sonido, como el mero ruido de los grillos o un espacio sonoro determinado, se cuela en un escenario movible o estático. Esta es su portada .

A partir de ahí, intentará jugar con el espectador creando puntos de inflexión, duda o certezas a hechos inminentes. Estos pueden ser un flashback, un flashforward, una acción reveladora o simplemente una situación. Excepto para la creación de escenas multitrama, el sonido se declara ausente con planos fijos agobiantes o cámaras en lugares insólitos, algo que ayuda a incrementar la intensidad emocional del espectador.

Como una buena portada, en cuanto sale el título de Breaking Bad con ese sonido cerrado y los elementos químicos del Bromo y Bario de la tabla periódica, sientes que ellos te han metido en su bolsillo .

Pues esto ha sido así durante cinco años (se dice pronto), presos de esa trama inicial , encerrados en una habitación de sucesos de última hora que serán variables capítulo tras capítulo.

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Hola, me llamo Bidara y me he enamorado de ti.

Es entendible que sintiera atracción desde el principio. Pertenezco a una generación implicada en la violencia televisiva y la realidad social. Me acuso por ser víctima de esa doble moral rastrera de las sociedades occidentales.

Por eso mismo, la sinopsis fue tan atractiva para querer conocerte: “A un profesor de química de clase media le diagnostican un cáncer de pulmón. Por ello, y debido a los costes médicos que supone y la inactividad del resto de su familia, decide, preso de la desesperación, fabricar metanfetamina con el fin de no dejar a su familia en quiebra y poder pagarse el tratamiento”.

Argumentos más que claros para saber que eras un envoltorio atractivo (marginalidad social, violencia y realidad). Sin embargo, como la atracción, no sólo de la fachada vive el hombre. Conocerte en profundidad ha sido más intenso que el flechazo inicial. Podrías haberme hecho faroles, promesas vacías o falsas expectativas. Al contrario de eso, me has mostrado una historia hipnotizante y pegadiza tan similar a un videojuego que he querido aventurarme en todo momento a querer ver la solución de cada trama y que ha variado de ritmo durante todo este tiempo.

Dos potentes atributos me atraen de ti: un guión sólido y unos recursos visuales inmejorables. Vince Guillian supo realzar ambos campos.

Por un lado, la cámara nos ha convertido en droga, en la retina de uno de los personajes o en electrodomésticos útiles para el desarrollo de la serie. Ha conseguido crear millones de palabras con una sola imagen . Ha cuidado con tanto mimo esos detalles que nunca ha dejado de sorprendernos.

Por otro lado, la historia no tiene peros. Has querido intentar introducir la ética al nulo camino de la venta de droga además de mostrarnos las cojeras de lo legal y de atosigarnos con un juego como la vida misma.

Que se lleve mi personal valoración de “una de las mejores series de la historia” se debe a su continuo devenir, al enfrentamiento de los altos presupuestos fílmicos y a la no extensión innecesaria (algo muy común en las series actuales). Su guión ha sido exitoso porque ha agarrado al público por los huevos y nos ha hecho pasarlo mal gracias a esta revisión clásica del Doctor Jeckill y Mr. Hyde.

Sin embargo, sostener todo ese peso durante cinco año no ha sido camino fácil.

Sabías que me gusta que me sorprendan y tú, aun creando ritmos antagónicos en las temporadas, no has dejado de hacerlo. Has girado y volteado la historias sin perder el norte.

Lo que pudo ser una crisis sentimental cuando redujiste frenetismo en la tercera temporada se transformó en consolidación. Abandonaste, por momentos, ese amor veloz videoclipero y diste más emotividad, densidad y lentitud a la serie.

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Tu principal arma ha sido el gran poder interpretativo de tu plantilla. Algo tan hablado y premiado que considero que está todo dicho. La evolución y la tipología de cada uno de ellos son determinantes ya que han jugado con los antagonismos sociales, creando personajes de toda variable. Tampoco es casual su principal objetivo es mostrarte las personas involucradas en el dinero fácil e ilegal. Un submundo nutrido por fuertes y débiles, listos y tontos o de internos y ajenos. Personajes depresivos y éticamente adulterados, gracias a estas sociedades autodestructivas, que desarrollan en sus peores momentos de su vida un carácter de supervivencia atroz.

En plena era Obama y con la sanidad como centro del debate. Walter tiene que sobrevivir a sabiendas de ser un novato. Mientras la televisión nos ha inundado con que la fuerza es el principal motor de la sociedad, tú me has demostrado que el arma más temible del mundo es el cerebro. Durante cinco temporadas Walter ha luchado usándola implacablemente con la carga moral como contrapeso y la mentira como modus operandi. Él mismo nos ha demostrado algo tan fundamental como que el mal y malo no son siempre la misma persona. Simplemente el bueno se convierte en monstruo y el mundo se hace más peligroso. Una situación que te lleva a la comprensible pérdida de valores de cada uno de los personajes.

Walt, Jesse, Hank, Marie, Saul y Skyler han vivido el peor año de su vida. Su situación los ha llevado a no poder vivir el momento pretendiendo buscar su pasado estable en el futuro.

En este drama disfrazado de thriller has declarado la guerra a la sociedad.

Sin la necesidad de ser un folletín, has navegado en la presente filosofía del bien y el mal. Has gritado abiertamente que las carencias se pagan, las ayudas por tu vida son mínimas y que las sociedades se construyen únicamente con el dinero. Has usado el archiconocido sentimiento del “manejo del poder” que tantos ríos de tinta ha creado en nuestra historia. Todos (sin excepción) somos vulnerables y novatos a la hora de controlarlo y, desgraciadamente, aprendemos que el mundo está para pisarlo y no ser pisado. Un mundo donde las cosas no se quedan donde están y que nadie plantea soluciones globales sino más bien individuales.

La serie en sí es un grito de ayuda a las instituciones, implorando clemencia a un estilo de vida basado en la medida cuantificable de las personas. Has echado un buen pulso con nosotros, nos has llevado a los límites entre la posible realidad y ficción. Sin duda, has demostrado con argumentos que la ambición es mala y que vivimos en un mundo el que todos hemos hecho de todo para sentirnos verdaderamente infelices pero no hemos hecho lo suficiente para entender lo que vivimos.

Los telespectadores se prepararon para comerse un plato muy crudo, sabíamos que nos iba a hacer daño pero que nos haría más fuertes. No se te puede echar nada en cara porque siempre fuiste de frente. Tu hazaña didáctica nos ha dado mil bofetadas de realidad, has gritado que la esperanza es lo primero que se pierde y que, realmente, la desesperación es la que mueve la máquina de la vida.

Durante esta etapa de mi vida he rechazado la monogamia contigo, siempre quise que te probara toda la gente de mi alrededor.

Lo que sé es que el recuerdo perdurará de por vida. Sé que te echaré  mucho de menos y que reviviré cada escena que he vivido contigo, también sé que nada será lo mismo y que me costará encontrar algo como tú. No es la primera vez que me pasa. He disfrutado tanto estos cinco años que has creado en mí emociones nuevas que me aportan un poco más de ojo y veteranía. Te tendré pegado como una resina en mi cerebro.

El videojuego ya está entero, sólo queda que sea descubierto por todos y que entiendan que fuera de la clásica pose de serie de ficción dramática, existe en ella una realidad que se debería debatir, que se debería estudiar con profundidad y que nos sirva para concienciar que el poder y el dinero rápido no llevan nunca a buen puerto, “son simplemente sábanas que tapan ese cuerpo frío y desnudo alimentado de constantes malas noticias” (Breaking Bad).