Título: El Maestro del Prado

Autor: Javier Sierra

Editorial: Planeta, 2013

“ El buen maestro solo llega cuando el discípulo está preparado”

el maestro del prado

Javier Sierra en su última novela, El Maestro Del Prado, ha tejido una trama algo endeble y forzada para revelar al lector algunos de los enigmas que se esconden tras una serie de lienzos que atesora en sus salas el Museo del Prado. Estos lienzos fueron  fruto de la genialidad pictórica de maestros como Leonardo, Tiziano o El Bosco, por lo que si eres amante del arte te gustará; si en cambio eres un devorador de novelas quizás no te guste.

La novela, que se lee muy rápidamente, es  la excusa que tiene Sierra para divulgar algo que muchos ya sabían antes. Esto es, que pintores como Leonardo, Tiziano, El Bosco o Brueghel el Viejo tuvieron que esconder en sus trazos y personajes sus propias ideologías y pensamiento. Esto no ha de extrañarnos si tenemos en cuenta el contexto histórico en el que vivieron estos artistas, un contexto en el que la Iglesia imponía sus criterios y no aceptaba nada que fuese contrario a sus preceptos.

Así pues, lo que tenemos en las 350 páginas que ocupan este relato es, por un lado, una galería de pinturas proféticas en las que los maestros del arte imprimieron sus ideas y creencias y, por otro, al jovencito Javier Sierra que, guiado por un misterioso personaje -el doctor Fovel-, va descubriendo poco a poco lo que esas pinturas esconden. Esas grandes composiciones pictóricas, llenas de color y simbolismo, se encuentran pendidas en las salas de una de las pinacotecas más grandes del mundo, el Museo Del Prado.

Detengámonos un poco más en el que para mí es el error de la novela, que no es otra cosa que sus personajes. Son planos, poco construidos y en ocasiones parece que aparecen como excusa para explicar el misterio de una obra de arte determinada. Por poner un ejemplo, la aparición de Lucia Bosé parece que está demasiado forzada. Su cameo en la novela Sierra lo justifica por ser Lucia una fanática y experta en el mundo de los ángeles; no sé , no convence.

Tenemos al protagonista de esta historia, el joven e inocente pupilo Javier Sierra, un estudiante de los primeros años de carrera de periodismo que visita con asiduidad el Museo del Prado para refugiarse del caos de Madrid. Una tarde, mientras observa ‘La Perla’ de Leonardo, se encuentra con un octogenario y misterioso personaje, que le comienza a impartir in situ una lección de arte y le invita a mirar más allá de la obra y a preguntarse quién es ese niño que aparece junto a Jesús. A partir de este momento Sierra comenzará a investigar y a tirar de la manta de los misterios que ocultan algunos de los lienzos del Prado. Un cuadro le llevará a otro y así ensartará con una galería de pinturas que comparten algo en común: son pinturas que fueron concebidas como puertas o accesos directos, sin intermediarios eclesiales, hacia el mundo espiritual, cuadros que se ven con el alma.

Para tejer la trama de esta novela, Sierra aporta una gran cantidad de datos históricos y hace referencia a personajes eruditos de la corte y del Escorial, nos remite a la vida de algunos monarcas y hasta nos habla de la relación que pudo tener el Bosco con la secta adamita, cuyos pensamientos podrían haberle inspirado en su obra más célebreEl Jardín de las Delicias’.

Si bien como novela flojea por todos lados, se agradece que un autor se preocupe por tratar temas relacionados con el arte y por divulgar  y suscitar el interés por la colección del Museo del Prado. Además, es muy interesante que se aborde el arte desde otra perspectiva y se huya de todo canon o teoría tradicional, porque hasta en Historia del Arte hay investigación.

 El Jardin de las Delicias