Nueva entrega del Universo Marvel, la decimocuarta. La fábrica de sueños (como se conoce en algunos lugares) nos trae un nuevo superhéroe. Todo correcto, la empresa vive de eso, y la franquicia tiene aún un largo cartel para poder producir en serie películas de estas. Pero el título que nos ocupa se justifica por sí mismo.

El universo que la saga nos está mostrando es uno paralelo al nuestro, en el que, desde la aparición de Iron Man (Robert Downey Jr., 2008, aunque técnicamente el primer superhombre en aparecer fue Capitán América: El Primer Vengador, Chris Evans, 2011) todo ha cambiado, y con ello, las fuerzas que equilibran el bien y el mal luchan ahora en otros aspectos, mucho más espectaculares y poderosos.

Pero si ahora hay un grupo de “talentosos” al cargo de luchar contra amenazas planetarias, hay otro plano, el místico y de realidades paralelas, en el cual un grupo de personas, bajo la tutela de una hechicera suprema, se encarga de protegernos ante amenazas fuera de toda comprensión.

La película se centra en Stephen Vicent Strange (Benedict Cumberbatch), un fantástico y brillante neurocirujano capaz de curar lo imposible y con un desmesurado ego. Quizás el exceso de confianza hace que sufra un accidente que lo deja lisiado e incapaz de poder ejercer la medicina. A partir de ahí, buscará todas las vías para intentar volver a ser quien era, y llegará a manos del Anciano, quien le enseñará artes místicas, de las cuales él no era creyente y negaba su existencia hasta ese momento. Allí hace una pequeña cura de humildad. Pequeña, ya que el ego de este personaje es quizás el más desmesurado de toda la franquicia.

Y ahí es cuando todo se acelera: el entrenamiento, la llegada de los villanos y la lucha final. Todo se vuelve frenético, al estilo que nos tiene acostumbrados Marvel. La película no trabaja bien los distintos tiempos, a veces se hace tediosa, y de repente todo son giros demasiado rápidos.

La película sabe jugar con los efectos especiales, y es capaz de llevarnos a mundos imaginarios que solo la franquicia puede ofrecer, al gusto de los fans.

Quizás no sea necesario conocer el amplio mundo de Stan Lee (creador o co-creador de gran parte de superhéroes en papel, y que hace un cameo) para disfrutar de esta película, pero se puede hacer tediosa si eres ajeno a este mundo.

Por lo que se refiere a la actuación, Benedict Cumberbatch encarna bien al mago, y sabe darle el tono correcto, quizás fallando en algunos momentos “chistosos” muy forzados. Benedict Wong (Wong) hace de guardián de reliquias en la biblioteca, y aporta toques de humor “casual”, siendo correcta su interpretación. Chiwetel Ejiofor (Karl Mordo), es un maestro místico cercano al Anciano, una de las mejores actuaciones en el film, pasando de ser quien tiene esperanza a quien la acaba perdiendo. Rachel McAdams (Christine Palmer), es la amiga de Stephen en el hospital, y el único contacto humano que parece tener en la realidad convencional, su interpretación es correcta. Mads Mikkelsen (Kaecilius), el mago que traerá el mal, alguien que como Stephen tenia mucho poder, pero se corrompió. Su actuación a veces hace dudar, quizás demasiado serio y estático para según que escenas. Tilda Swinton (el Anciano), interpreta a alguien quien ha vivido por 500 años, y ciertamente, por la manera de actuar, sabe transmitir la figura de mentor sabio.