Sin duda alguna, ‘Don Giovanni’ ( ‘Il dissoluto punito ossia il Don Giovanni-1787′) , el dramma giocoso en dos actos cuya música compuso Mozart y cuyo libreto fue escrito por Da Ponte, es una de las óperas más óscuras, malignas y chungas de este genial binomio artístico. Es la segunda después de ‘Le Nozze di Figaro’ y antes de la fabulosa ‘Cosí Fan tutte’, de la trilogía dedicada al placer y al amor. No hay más que escuchar los primeros acordes de esta obra para darse cuenta de que el tema va a ser muy serio y terrible, y precisamente por eso tratarlo a carcajada limpia.

Hemos de señalar que es una producción que corre a cargo del Teatro Real, coproducción con el Festival de Aix-en-Provence, el Teatro Bolshoi de Moscú y la Canadian Opera Company de Toronto.

don-giovanni3¿De qué va ‘Don Giovanni’, esa ópera que inspiró la filosofía más original y visceral de un Kierkegaard atormentado? Don Giovanni es un caballero cuya felicidad y fin existencial consiste en acostarse con el mayor número posible de mujeres. El carácter de Don Giovanni es algo dionisíaco (utilizando una terminología nietzscheana), amante de la fiesta, del alcohol, del placer y la alegría irresponsable. Su mayor gozo es follar, y cuanto más mejor. Por ello va apuntando minuciosamente en una lista todas sus conquistas (voluntarias y forzosas):

“En Italia, seiscientas cuarenta;
en Alemania, doscientas treinta y una;
cien en Francia; en Turquía, noventa y una,
mas en España van ya por mil tres.”

Don Giovanni, como señalaba Kierkegaard, busca a la idea de la mujer, no a la mujer en concreto, al individuo, busca lo que tienen en común todas las mujeres (que básicamente suelen ser atributos corporales, no intelectuales, puesto que lo que hace a la mujer mujer es su físico, no su intelecto). Y para lograr acostarse con cuantas más mejor es lícito todo, incluido el crimen y la violación. La escena nos muestra a un Don Giovanni que trata de forzar a Donna Anna que logra zafarse alertando a los que viven con ella; su padre, el Comendador, sale en su defensa y muere por un golpe que Don Giovanni le lanza, no con la intención de matarle (aunque tampoco es que se arrepienta). La joven jura venganza, comprometiendo a su prometido Don Ottavio en la misma. Mientras, aparece Donna Elvira, una burgalesa que se enamoró de Don Giovanni, que fue seducida y engañada y busca también venganza, a pesar de que todavía le ama. Entre tanto Don Giovanni se lanza a la conquista de una campesina que se va a casar, Zerlina, mientras Donna Anna trata de evitarlo. Cuando todos son conscientes de las fechorías de Don Giovanni deciden planear una venganza y cazarle en flagrante delito. Suceden los típicos enredos, Leporello se hace pasar por Don Giovanni y se acuesta con Donna Elvira, tratan de arrestarle pero descubren que no es el auténtico Don Giovanni, etc… Y entonces entra en escena lo sobrenatural, la voz de ultratumba del Comendador aparece, instando a Don Giovanni al arrepentimiento, éste se mofa de él invitándole a cenar. Y será en esa cena del otro mundo donde Don Giovanni encontrará la muerte y su castigo, mientras el resto de personajes se alegran de este acto de justicia divina y se disponen a continuar su vida… ¿alegremente?

“¡Tal es el fin de quien obra mal!
Y de los pérfidos la muerte
a su vida es siempre igual!”

31¿Justicia poética o convencionalismo social? Da Ponte y Mozart nunca fueron muy amigos de dichos convencionalismos. Ellos creían en el placer, el sexo, el amor libre siempre y cuando no mediase el engaño, e implicase el dolor de la otra parte. Don Giovanni es un malvado no porque sea un picaflor, sino porque para conseguir lo que desea no duda en destrozar el corazón e integridad de las mujeres, no duda en violarlas si es necesario. Da Ponte y Mozart seguro que conocían a muchos caballeros de este tipo (que todavía existen en la actualidad) y veían cómo en general se salían con la suya sin consecuencia ninguna. Por ello, quizá Da Ponte nos da el final que debería ser pero que no es. De ahí que sea un espectro y no la justicia humana quien le dé su merecido al villano. Un villano, por otro lado, íntegro en sus principios y coherente con los mismos, pues no se arrepiente de sus actos y se muere defendiendo su legitimidad a ultranza. Frente a eso, claro, sólo la muerte puede esperar: o cambia o es destruido.

Otro punto a destacar en esta compleja obra es la institución de la familia. Don Giovanni está solo y sus relaciones se reducen a las que tiene con sus amantes (por la fuerza o el engaño) o con su criado (por el dinero). Donna Anna tiene un padre y un prometido que la ayudan a realizar su venganza. El deseo desenfrenado, egoísta y egocéntrico no puede hacer nada frente a los afectos naturales de los vínculos familiares. El poder sexual de Don Giovanni es una nimiedad comparada con el que une a un padre con una hija, o a una mujer y el hombre que la ama. La institución triunfa sobre el individuo carente de vínculos que no sean los que le unen a su propio deseo.

Don-Giovanni_ESTIMA20130404_0224_12Por un lado Don Giovanni, el hombre que tiene como centro su propio pene; por otro lado está Don Ottavio, que representa el otro prototipo de hombre que no busca a la Mujer sino que simplemente quiere el amor de su prometida Donna Anna:

“De su paz la mía depende;
lo que a ella le agrada, la vida me devuelve;
lo que a ella disgusta, muerte me da.
Si ella suspira, yo también suspiro;
es mía su ira, y su llanto es mío:
                                                                                                                   no tengo yo dicha sin ella tenerla.”

En cuanto a las mujeres, no es en esta ópera donde adquieren auténtico protagonismo. Tenemos a la cornuda y engañada, que a pesar de todo sigue enamorada del canalla, tenemos a la mujer que se entrega sin mucho esfuerzo, y a la mujer injuriada que clama venganza y la consigue gracias a los afectos sólidos del padre y prometido.

Lorenzo Da PonteUna historia compleja, con un gran libreto (aunque no tan bueno como el de ‘Cosí Fan Tutte’) que pone sobre las mesa todas las cartas que se están jugando: placer irresponsable, deseo, egoísmo, familia, fidelidad, engaño… En cuanto a la música, cuadra perfectamente con cada una de las palabras y del espíritu del libreto. Oscuridad e ingenuidad a raudales, eso es Mozart. Perversión musical, incluso, recordamos que una de las arias más hermosas de toda la obra nos canta sobre cómo dejarse pegar y maltratar por el esposo/prometido para expiar el adulterio.

“Dale, dale, mi buen Masetto,
a tu pobre Zerlina,
aquí me quedaré cual corderita
a la espera de tus palos.
Dejaré que me arranques el pelo,
dejaré que me saques los ojos,
y tus queridas manitas
luego yo sabré besar.
¡Ah! Ya veo, no te atreves:
paz, paz, ¡vida mía!
En contento y alegría
noche y día vamos a pasar.”

portrait of MozartUn obra maestra, por la música, la historia y el libreto, que deja con un agridulce sabor de boca. Una ópera muy sensual, pero también muy violenta. Placer y violencia se entrecruzan y se enredan, confundiéndose en una armonía tan perfecta que asusta. Una aguda reflexión sobre el deseo irresponsable y el afecto contrario. Una escena curiosa es el brindis que hace Don Giovanni en una de sus fiestas, una mascarada donde están todos los principales personajes. Se brinda por la libertad, pero ese brindis es una máscara No existe libertad sin responsabilidad, sino simplemente instintos y deseos salvajes. Eso es Don Giovanni, un salvaje caballero, que viola a la libertad porque en eso reside su mayor placer.

En cuanto a la producción del Real, bastante correcta. Se basan en escenarios y vestuarios actuales. En cuanto a la interpretación, también correcta, aunque queremos destacar a Paul Groves como Don Ottavio cuya interpretación del aria en la que habla sobre el amor que profesa a su amada es tan delicada y expresiva que hace que se te salten las lágrimas; también destacamos la interpretación de Kyle Ketelsen como Leporello (igualito a Little Nicky) y en cuanto a la orquesta, brillante el solista chelista, que logra un empaste perfecto con la voz de Ainhoa Arteta en una de sus arias. Por cierto, que Don Giovanni se acaba convirtiendo al final de todo en un especie de Bukowski, con el alcohol como compañero y unas pintas de acabado indescriptibles.

Pero de nuevo Mozart y Da Ponte vencen sobre la producción del Real: el genio de estos colosos de las artes es insuperable. El empaste entre música y letra (historia) es mítico. Probablemente las óperas de Mozart y Da Ponte sean de lo mejor que hay para ilustrarse en temas amorosos. Una música que invita a amar sin complicaciones, una historia que invita a reflexionar sobre ello mismo. Pero por encima de todo, en cada una de las obras de estos genios siempre aparece ese colofón, ese aforismo cargado de sabiduría revolucionaria que todavía no ha sido lo suficientemente comprendido: el amor libre es maravilloso siempre y cuando sea libre, y por tanto responsable, y no medie engaño ni violencia ninguna. Ese es es amor inocente que la música de Mozart siempre ha tratado de reflejar. El amor sin máscaras, el amor valiente.