La semana pasada vimos cómo el Congreso de los Diputados aprobaba la LOMCE (la quinta ley sobre educación de nuestra historia «democrática»). Y a nadie parece importarle lo suficiente, muchos ni siquiera tienen conocimiento de tal hecho, los estudiantes no han salido a la calle y este país sigue sin que nadie haya movido un sólo pensamiento (¡mover un dedo ya sería toda una hazaña para algunos!) por evitarlo.

La LOMCE tiene muchos puntos nefastos para la educación de este país; sin embargo, mi crítica se va a centrar en lo que atañe a la enseñanza de la filosofía. Se elimina Educación para la Ciudadanía (una asignatura que, por cierto, tenía su origen en la normativa europea), así como Ética en cuarto de la ESO, se mantiene Filosofía como asignatura común en primero de bachillerato y se elimina como troncal Historia de la Filosofía de segundo de bachillerato (que podrá ser una optativa en función de lo que decida cada comunidad autónoma). Es decir, que los adolescentes que no lleguen a bachillerato jamás serán iniciados en el pensamiento crítico. Jamás aprenderán el valor, la disciplina y la tenacidad que requiere el pensar.

La filosofía ha muerto para las próxima generaciones si esta ley sigue adelante. Y con ella el pensamiento autónomo. La filosofía es peligrosa, bien lo saben quienes mal redactan las leyes. La filosofía educa para ser buenos ciudadanos, libres e independientes, individuos con nombre propio. Este gobierno quiere súbditos alienados e ignorantes, conformistas y dependientes, borregos, esclavos más preocupados por su cuenco de arroz ( o, citando a Galdós, más preocupados por los garbanzos) que por los derechos que poco a poco, con alevosía, se les van arrebatando.

Estos crímenes contra la filosofía son bastante comunes: recuérdese la condena de Sócrates por la ciudad de Atenas o la huida de Aristóteles por temor a ser linchado. Ahora, los filósofos son un especie a extinguir, una carrera universitaria que se vacía cada vez más y se diluye en otras más técnicas y necesarias para el estado. Los filósofos son unos seres locos y bizarros a los que nadie debería tomar en serio porque no sirven para producir, no sirven para nada; al contrario, molestan con sus picaduras a las conciencias de los demás. Por ello hay que condenarlos indirectamente y cortarles la única salida viable laboral en este país: la enseñanza.

Pues eso, la LOMCE sigue adelante y con ella la muerte de la educación filosófica de la peña. Y todo gracias a aquellos que nunca hacen huelga, a toda esa gente que forma esa irresponsable mayoría silenciosa que nunca se manifiesta porque según ellos no merece la pena. Gracias a todos vosotros, gentes indiferentes, siervos voluntarios, gracias por hacer que la filosofía y los que tratamos de ser útiles a esta sociedad a través de ella estemos condenados a la desaparición, reciclaje y quizá a la inanición. Gracias por hacer este país más borrego e ignorante de lo que ya es. Afortunados que sois incapaces de sentir la rabia ante las injusticias de este estado, y que os dejáis esclavizar por un burdo cuenco de arroz, gracias por vuestra culpable indiferencia que hará que vuestros descendientes vivan mucho peor de lo que ya vivís vosotros, y gracias por agachar la cabeza y arrancaros los ojos de vuestra razón. Gracias, de nuevo, por condenar a lo filósofos a su extinción, porque la culpa no es del gobierno, sino de todos nosotros.