Traducción: Juan Andrés García Román

Ilustraciones: Max

Editorial: Nórdica Libros

Karl Roßmann es un joven de diecisiete años que está a punto de pisar América. El barco en el que viaja ha atracado en el puerto de Nueva York y todos los pasajeros se agolpan para salir. Es entonces cuando nuestro protagonista se da cuenta de que ha olvidado su paraguas y decide bajar a buscarlo. En el camino hacia su búsqueda acabará perdido entre los pasillos y diferentes dependencias del barco. Así es como coincidirá en una pequeña cabina con el fogonero, con el que comenzará a conversar, olvidando por completo su maleta, que ha dejado al cuidado de un desconocido, y abandonado también la búsqueda de su paraguas.

Esta sencilla anécdota es la clave para iniciar el relato. Karl escuchará las quejas del fogonero sobre el trato que recibe de su superior y se posicionará junto a él, haciendo de sus problemas causa común. Animado por el joven, el robusto fogonero acudirá a las autoridades del barco para exponer sus quejas. Sin embargo, el trato recibido no será el deseado y el propio Karl se verá involucrado en una situación que cada vez se enrarecerá más.

En una misma habitación varios hombres escucharán las razones del atribulado fogonero, sin modificar un ápice el lugar dentro de la jerarquía que están destinados a ocupar. Un inmovilismo crónico que permite que las cosas sigan exactamente en su lugar, ahogando cualquier intento (como el del propio Karl) de tratar de que cambien.

El fogonero es un relato sobre el enfrentamiento del individuo con las autoridades, de la pequeñez del ser humano frente a la organización del poder, sus estructuras y su idiosincrasia. Pero es también el reflejo de una verdad esencial sobre la vida del hombre: no controlamos nuestro destino y lo inesperado puede encontrarse a la vuelta de la esquina, provocando un giro radical en los acontecimientos.

Max (1956) ilustra este relato que apareció por primera vez en 1913 y que se convirtió en el primer capítulo de El desaparecido, la novela que el autor checo no acabó. El ilustrador catalán, cuya extensa trayectoria profesional se inicia en los años ochenta, fue Premio Nacional de Cómic en 2007.

Kafka (1883-1924) es el autor de obras que han influido tanto en la literatura universal como El proceso o La metamorfosis. Todavía hoy se discute desde qué perspectiva (política, religiosa, psicológica…) interpretar la obra de este autor.