¿Tenía razón Sartre cuando afirmaba que el infierno son los otros? ¿O quizás no es menos rencoroso decir que el infierno somos cada uno de nosotros? Barbusse llega afirmar que el infierno no es más que el furor de vivir… No hay más infierno que el deseo infinito que se acumula en un punto de una densidad inconmensurable, que es nuestra existencia rota y agujereada.

el-infierno-ebook-9788492403752El Infierno de Henri Barbusse es un libro magnífico por su intensidad, por su afán de querer desnudar al alma hasta dejarla en los huesos, ese afán que se centra, a su vez, en lo monstruoso y patético de esa desnudez. Su lenguaje directo se extiende peligrosamente hacia lo poético. Es un libro para grandes frase de estado de tu Facebook. Lo que es curioso es que un libro de tal calidad literaria sea tan desconocido. Y es más, cuando uno trata de informarse sobre quién era el autor, lo que destaca por encima de cualquier otro dato es que Barbusse acabó siendo un stalinista convencido. Todo lo académico y oficial nos aleja de Barbusse.  Arriba lo subversivo.

Un libro que derrocha humanidad, una humanidad infecta, como si fuese una especie de pus que no pudiese dejar de manar de manera ininterrumpida. Heridas que no dejan de supurar, deseos que no dejan de sangrar. Somos una eterna descomposición moral y física, y eso se refleja de una manera atroz en el libro de Barbusse.

El argumento es el siguiente: tenemos a un tipo cualquiera, un treintañero solitario, sin familia ni amigos, que llega a la gran ciudad, París, para trabajar en un banco, con una existencia tan gris y aburrida como la de cualquiera de nosotros. Se aloja, provisionalmente, en un hotel y descubre un agujero en su habitación, a través del cual puede observar lo que pasa en la estancia de al lado. Y este todavía joven de vida lineal y aburrida descubre al mundo, y también se descubre a sí mismo, a través de los retazos de las vidas de otros que están de paso en esas habitaciones: la desnudez de una mujer sola, dos amantes adolescentes, el adulterio, un moribundo… Y a partir de esas escenas, una intensa reflexión sobre el eterno desencuentro de los amantes que no se buscan a sí mismos a través del otro sino que simplemente quieren olvidarse.

ibarbus001p1El sexo, la muerte, la soledad; son los temas que mejor refleja Barbusse. Y no a través de manidos clichés, sino con palabras corrientes, con palabras que golpean. Se habla sobre la cosificación en el sexo, sobre las fases de descomposición de un cadáver, sobre el cáncer (una descripción que recuerda a las de Luis Martín-Santos)… Una originalidad tremenda e inesperada para un libro que se escribió en el 1908.

La novela emana sensualidad, esa sensualidad encerrada en momentos aislados, en los que se sugiere pero que todavía no es. Y esa sensualidad se intercala también con el deseo bruto, ese afán por horadarlo todo. Barbusse refleja muy lúcidamente el engaño del sexo, de ese sexo que pretende destruir las distancias, y al querer hacerlo las hace todavía más grandes. Un sexo más como huida que como encuentro.

Una novela inconveniente porque pone de manifiesto el vómito de nuestro ser. Pero todo ello no rebaja al individuo, sino que al contrario, lo corona. Barbusse diviniza al ser humano a través de su más profunda miseria. Reivindica la nada para que el el hombre pueda ser libre, porque en el fondo cada individuo tiene dentro de sí todo el universo. Barbusse es un humanista a la inversa, porque destaca todo aquello que supuestamente nos rebaja. Una inversión revolucionaria que todavía no ha sido llevada al extremo… quizá, ¿porque no haga falta?

“Creo que, frente al corazón y a la razón del hombre, que no son sino llamadas de socorro que no dejan de repetirse, sólo queda el espejismo de lo que solicitan. Creo que a nuestro alrededor sólo queda una palabra eso sí inmensa que despeja nuestra soledad y desnuda nuestra proyección: nada. Creo que eso no significa ni nuestra insignificancia ni nuestra desgracia sino, muy al contrario, nuestra realización y nuestra divinización, puesto que todo está en nosotros”.