Ha muerto Francisco Sánchez Gómez que dicho así no parece ser Paco, el de Lucía, su madre. Yo lo conocía poco como artista y menos como persona, pero conseguí filtrarme en las habitaciones privadas de una canción, Entre dos aguas, en una versión sin huesos ni consistencia que dilataba sus emociones.

Me metí a través de la vista y del oído. Como soy invisible, me colé desde la clave de sol desacadémica, que para entonces ya se llamaba clave interior. La clave interior es una versión de Diego Cortés, quien parece que conoció a Paco el de Lucía desde la infancia. Es interior porque la toca desde lo más hondo. A falta de crear una pieza como Entre dos aguas, como digo, Diego la deshuesó. La versión oficial ya era de curso fluvial, como el nombre. Pero la de Diego, si cierras los ojos, es un cuerpo destazado a conciencia que no revela el horror de un cadáver, sino la energía de los puntos clave, como la medicina china.

Me he colado en el zoom de unas tensiones. Por ponerte un símil, es el gesto de Tom Cruise en Minority report ampliando y reduciendo pantallas. La versión de Diego, en cambio, amplía y reduce emociones. Esta versión que traigo ha cogido las sensaciones de Entre dos aguas para ampliarse y quedarse en ellas, para deleitarse chapoteando en ellas, porque la idea y su desarrollo ya eran inmortales en la mente de su creador. La diferencia está entre crear el río o bañarse en él.

Por poco me pillan porque tosí justamente en el momento de más tensión, pero nadie logró escucharme en la habitación privada de la canción porque estaban concentrados. Creo que sintiendo cosas.