En un limbo bucólico entre León y Barcelona, se encuentran Fabián y Laura, en un intento de afinar las miradas a través de fríos teclados que producen sonidos que poco tienen que ver con la música….Y en su encuentro, se ven de lejos, se acercan e inician una aventura para llevar el nuevo disco del autor al otro lado del bosque de las estaciones. Ambos saben que tienen el tiempo justo para cruzar el bosque de (La brisa leve) La luz distinta, antes de que el disco irradie una luz tan potente que termine con la magia del lugar. Y así, portando con sumo cuidado el disco entre sus manos, inician el camino.

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-¿Las palabras suenan o la música habla? -pregunta Laura, sacudiéndose los restos de hojas que venían persiguiéndolos.
-Creo que cuando hablamos de canciones, debe de existir un equilibrio entre estos dos conceptos. Las palabras se apoyan en la música, y la música en las palabras, para poder transmitir una idea o una sensación- responde Fabián, con el nuevo disco en vinilo bajo su brazo.

En cuanto termina de luchar contra las hojas del más que vencido otoño, Laura, curiosa, se aproxima a Fabián. Ve en él una suave luz posándose discreta. Ella decide no alarmarse e intenta distraerle:
-Enhorabuena por tu nuevo trabajo (La brisa leve) La luz distinta. A juicio del autor, ¿qué lo distingue de los anteriores trabajos?
-Muchas gracias. No sé muy bien qué es lo que lo distingue; quizá que hacemos las cosas un poquito mejor cada vez y eso se nota en el resultado final. Creo que de eso se trata, de ir creciendo poco a poco. -Fabián alza la vista hacia un robusto y mágico sauce bicentenario al que jamás se le caen las hojas. Avanza hasta tocar su tronco y se sienta sobre el manto de hojas húmedas a sus pies.

Laura sigue sacudiéndose el polvo y las hojas. Tiene las botas sucias de barro y al caminar, sus pasos crujen un pequeño montículo de ramas quemadas por algún fuego. Una piedra cerca del árbol robusto llama su atención, y se sienta en ella, sin estar del todo satisfecha con su tarea con las hojas. Fijando la vista en los restos del fuego, pregunta:
-“En la tierra quemada” es la evidencia de que antes ha habido un incendio en el lugar y también el título del tema que eliges para abrir el disco. ¿Hasta qué punto ha llegado la calma?
Fabián, entre asombrado y despistado con la permanencia de las hojas del sauce llorón, responde:
-No sabría decirte hasta qué punto, pero sí te puedo contar que ya he cumplido treinta años (y treinta y uno, de hecho), y ya no me tomo las cosas tan a la tremenda como antes. Yo siempre he aspirado a ser un tío tranquilo, porque nunca lo he sido en realidad, y paso a paso, lo voy consiguiendo.

Como si una gran nube se posara frente al débil sol de otoño, la luz cambia para dar paso a una blanca y fría oscuridad invernal en la que el sauce bicentenario ya no puede cobijarlos. El silencio se llena de copos helados de nieve cayendo lentamente sobre sus gachas cabezas. Ambos corren hasta una cabaña cercana de madera de cuyas ventanas emana otra luz distinta, cálida, a través de cristales empañados por el repentino frío de fuera. No tienen llaves e ignoran quiénes son los inquilinos de aquella extraña cabaña que parece haber aparecido de la nada.
-No tengas miedo -Fabián tranquiliza a Laura, mientras ella ve cómo, aquella extraña luz que acompaña a su compañero no desaparece.

En el porche, Laura ha pasado de sacudirse las hojas del otoño a sacudirse los recién llegados copos de nieve que se aferran a sus pequeños brazos. De pronto, al levantar la vista, ve a Fabián absorto en su nuevo disco, del cual, de repente, con la llegada del invierno, brota una fuerte luz blanca. Está listo para ser escuchado por todos.
-El hecho de que el disco haya visto la luz en pleno invierno parece toda una declaración de intenciones de acabar por fin, con todo fuego anterior. ¿Alguna mecha ardiente interior se ha transformado en copo de nieve?- pregunta Laura, con un brillo distinto en sus ojos.
Y con una calma entre reflexiva y sorprendida, Fabián responde:
-Normalmente, cuando acabo de escribir una canción que trata sobre algo que me ha afectado bastante, me quedo más tranquilo, más a gusto conmigo y con quien he tratado de entenderme, aunque haya sido por medio de una canción. Las canciones a mí me sirven para eso.

Laura mira a Fabián, que sostiene en sus manos el vinilo, sin poder soltarlo:
-Si un disco es un hijo, ¿se sufre al dejar que explore la calle solo y entre en las casas de la gente?
-Siempre tienes un poco de miedo, pero evidentemente sé que no le va a gustar a todo el mundo- mira el disco, con cierta añoranza-, y eso es algo que asumes desde el primer momento en el que decides dedicarte a esto. Afortunadamente, a mí me llegan las cosas buenas, la gente que se emociona y se siente identificada con mis canciones. Eso sólo puede ser gratificante.

De pronto, una fuerte racha de viento gélido abre la puerta de la cabaña. Dentro arde una lumbre y toda la luz del lugar proviene de sus llamas y de un par más de candiles repartidos por el pequeño espacio. Frente la lumbre dos sillones. De cada sillón nace una luz distinta, pero ni Laura ni Fabián alcanzan a ver quién está sentado en ellos. Lo curioso es que ninguno de los dos siente miedo. Aquel sitio emana una calma especial, es un lugar apacible en el que apetece quedarse. Y como si alguien se lo hubiera susurrado al oído, Fabián parece identificar quiénes son aquellos seres escondidos:
-Siempre he admirado a Quique – de uno de los sillones se gira Quique González, sosteniendo un vaso de whisky en sus manos- y, afortunadamente, a él le gustan mis canciones. Cuando le dije que tenía una que le iba a gustar mucho, me dijo que quería grabarla conmigo, sin haberla escuchado todavía. Para mí eso fue increíble. -Fabián sonríe complacido-. En cuanto a Zahara- Zahara se gira en el otro sillón hacia Fabián, sonriendo-, nos conocemos desde hace mucho tiempo, y siempre habíamos querido colaborar en una canción. Creo que “Maravillas” es el tema perfecto para ella.

Laura identifica de inmediato aquellos grandes amigos de Fabián, y quiere saber más:
-Colaboraciones de lujo en el álbum: Quique González y Zahara prestan su talento a joyas como “Todas las aves del sur” y “Maravillas”, respectivamente. ¿Cómo surge todo? ¿Hubo composición conjunta o, simplemente, eran ellos el complemento perfecto para darle el toque a la canción?
-Yo ya tenía las canciones hechas, y lo cierto es que ambas han quedado preciosas. Los dos tienen tanto talento y fueron tan generosos, que las hicieron crecer de una manera hermosa y diferente.

Aquel encuentro fortuito termina convirtiéndose en una noche cerca del fuego, tocando canciones, cantando, riendo y calentándose a base de incendios y tragos. La curiosidad acerca de la nueva aventura no cesa nunca, y las preguntas se suceden prácticamente sin pausa:
-La gira ya ha empezado. ¿Cómo está respondiendo el público? ¿Cómo se vive desde el escenario?
-La verdad es que los conciertos son un momento muy especial, porque el público es extremadamente respetuoso, y eso a veces impresiona. Estoy teniendo la suerte de poder salir con mi banda a tocar, y es una experiencia muy bonita. Normalmente llegas muy cansado a tocar a una ciudad que está muy lejos de tu casa, pero al salir al escenario, se te pasa inmediatamente, y disfrutas muchísimo del concierto. Es una suerte poder hacer esto.

Laura tiene una debilidad que Fabián y los demás ignoran: al escuchar un cover de cualquier canción que le gusta, automáticamente, como le sucedía a Pinocho con la nariz, sus oídos se ensanchan sin parar. Eso mismo le sucede en el momento en que Fabián se arranca a tocar “Ni tú ni nadie” y “El sitio de mi recreo”. Al ver el tamaño de sus orejas, todos se quedan perplejos. Para romper el incómodo silencio que se ha creado, Fabián aclara:
-No solemos hacer esas canciones en directo, al menos con la banda, pero todo es ponerse. Sí las he tocado de vez en cuando, en algún concierto acústico. Me gusta mucho coger una canción que conoce todo el mundo y hacer una versión personal, que no se parezca demasiado a la original. Es muy divertido.

Todos rompen a carcajadas y la noche sigue entre risas y conversaciones mientras, al otro lado de la ventana, la nieve no para de caer, ajena al fuego que arde en el interior de la cabaña.
-La experimentación en el mundo de la música está a la orden del día. Escuchando tu música, da la impresión de que acaricias más que rompes. ¿Es tu estilo definitivo o sólo una fase pasajera?
-Creo que hay un estilo bastante marcado en cuanto a dinámicas en mis canciones. Me gusta pensar que en mis temas no dejan de ocurrir cosas, e intentamos afinar la producción para que así sea, y para que crezcan desde el comienzo hasta el final. Creo que eso no va a cambiar nunca, pero hay un montón de formas de transmitir eso, y quizá un día haga un disco de electrónica, no sé. Todo puede pasar.
-El videoclip del single adelanto del disco, “La luz distinta”, también ha visto ya la luz. ¿Es indispensable ilustrar una canción con un videoclip o es simplemente un elemento promocional?
-No, no es indispensable, pero sí que es un elemento promocional bastante importante, así que decidimos hacer el vídeo de “La luz distinta”, que es una canción alegre con la que la gente se puede sentir a gusto. Creo que el vídeo que ha dirigido Juan Marigorta es muy bonito, y la actriz, Elena Valle, está fantástica.
-En este sentido una canción, ¿debe mostrar o sugerir?
-Todo depende del receptor, en realidad. A mí, que la he escrito, esa canción me sugiere una cosa muy concreta, pero cada persona que la escuche va a pensar en un pasaje diferente, quizá en un concepto más difuso y perfectamente válido también.
-Este invierno está siendo prolífico musicalmente hablando. Julio de la Rosa, Quique González, Fabián…. Estáis mostrando vuestra mejor cara al mundo y el público, desde luego, está respondiendo. ¿Lo mejor de Fabián está por venir todavía?
-No sabría decirte. Lo que te puedo asegurar, es que si sigo escribiendo canciones, trataré de hacerlo lo mejor que pueda.
-Y hablando de lo mejor… ¿Qué temas formarían parte de tus indispensables en un Grandes Éxitos de Fabián?
-Te diré uno: últimamente me gusta mucho “9”, el tercer corte del disco.

El fuego se ha reducido a brasas y la luz distinta del amanecer ha empezado a cubrirlo todo. Laura y Fabián saben de inmediato que es el momento de seguir el camino. Agradecen el cálido cobijo que Quique y Zahara les han ofrecido y salen de nuevo al bosque mágico, con el disco bajo el brazo, cada vez más luminoso. Fuera todo está en calma, y es tan temprano que todavía se escucha a algún que otro búho. Laura, inmersa en sus incesantes preguntas, decide hacer partícipe a su compañero de ruta de las dudas que todavía la abordan:
-¿Vivir para contar o cantar para vivir?

Fabián, esperando ya la habitual pregunta de su compañera, no parece sorprenderse demasiado, y responde reflexivo:
-A mí una cosa me ha llevado a la otra. Casi siempre escribo sobre lo que me pasa, y a lo largo de los años, he ido desarrollando esa actividad hasta convertirla en mi trabajo, que si lo piensas, es un poco de locos, en realidad.

Laura sigue, mientras el mediodía llega veloz…
-A las manos de Fabián, ¿guitarra y piano se llevan bien o hay un favorito?
-No me considero un gran instrumentista, pero me defiendo mejor con la guitarra. Empecé a tocar el piano apenas hace un par de años, y me divierto mucho con él. La verdad es que los dos instrumentos me encantan, pero si tengo que elegir uno con el que me sienta más seguro, sería la guitarra acústica.

De pronto, Fabián se detiene a observar el tallo de una flor que quiere abrirse para despedir al invierno e invita a Laura a presenciar el momento.
-¿Se puede ser amante de lo más pequeño siendo tan grande o hay que afinar más la vista? -pregunta ella, sin apartar la vista de la flor.
-A mí nunca me ha costado ser como soy. Quizá esta miopía mía sea resultado de forzar demasiado la vista, pero nunca he sido consciente de ello…

Amparados por una leve brisa, ambos llegan a un cruce de caminos. Laura, a pesar de no gustarle nada las despedidas, debe despedirse de su compañero Fabián para dejar que siga su camino mostrando a los demás ese tesoro bajo el brazo. Ella debe seguir compartiendo estaciones y caminos con otros compañeros de viaje. Pero no quiere que nada se quede en el tintero y, entre triste y reflexiva, formula su última pregunta:
-Si hubiera una palabra o una frase que pudieras cazar al vuelo, cual libélula, y que definiera tu nuevo disco, sería….
Fabián la mira mientras sus pasos comienzan a alejarse bajo el sol primaveral que aprieta con fuerza, y responde:
-Creo que la letra de la última canción del disco puede definir perfectamente el concepto del álbum.
Laura grita desde lejos:
-¡Fabián! ¿Quién debería ser el próximo?
-Pablo Moro acaba de editar un disco precioso. Estoy seguro de que os va a encantar.

Fabián desaparece encaminando sus pasos hacia el sol más reluciente del verano, mientras Laura repara, al verle alejarse, en que la luz que tanto había llamado su atención y que había acompañado a Fabián durante todo el camino había desaparecido. Se dio cuenta en aquel momento de que aquella extraña luz, aquella luz distinta a todas las demás, no era otra cosa que el reflejo de la luz que Laura había mostrado a Fabián durante todo el camino: la luz de la admiración.