Estábamos citados a una hora prudente, por la tarde, en el Teatro Tívoli de la ciudad condal. Normalmente las presentaciones de los estrenos se hacen por la mañana, pero Juan Tamariz es especial porque hace vida nocturna y duerme por la mañana, así que quedar a las siete de la tarde podría decirse que es madrugar para él. Lo encontramos departiendo amablemente con la prensa mientras buscaba con la mirada a su mujer, la maga colombiana Consuelo Lorgia. En nada íbamos a asistir a un pequeño adelanto de su show “Magia potagia y más”.

Sentado frente a una pequeña mesa, junto a Consuelo, y con nosotros delante, comenzó a explicarnos qué íbamos a ver para pasar en unos minutos a la acción; y es que nos hizo dos juegos (a él no le gusta llamarlos trucos) que nos dejaron con la boca abierta. Una cosa es verlo por televisión y otra ver que hace realmente magia a dos palmos de tus narices. No es posible ver cómo lo ha hecho. Es por eso que es uno de los mejores cartomagos del mundo.

Al finalizar pudimos charlar un rato con él y volvimos a comprobar que su cabeza sigue tan rápida como siempre. Dice de si mismo que no es el mejor mago del mundo pero sí “el más elegante”. Son ya muchos años dedicándose a esta bonita profesión pero recuerda que desde niño ya sintió esa pasión por la magia gracias a un mago que le dejó fascinado. Y como le gusta tener alegría lo mezcla todo con risa para pasarlo bien.

Pese a que lleva años girando con el mismo espectáculo nos dice que “cada día no hago lo mismo, tengo juegos para estar seis horas pero solo estamos dos”. Y es que no importa que ya fueras a ver este show alguna vez porque “si alguien ha estado antes es probable que vea los juegos repetidos pero no igual porque participan los espectadores y el camino es distinto”. Añade que “unos son parecidos, otros distintos y otros son totalmente nuevos”. Nos asegura, eso sí, que trata que pasen un rato tan ilusionante como siempre.

No sabe si gustan más los juegos más elaborados o los que tienen más florituras pero “lo importante es que yo los sienta y esos son los que hago con mayor ilusión”. Nos dice que el público suele responder muy bien y que él pone “alegría, ilusión, ganas, estudio y trabajo dedicándole muchas horas”.

Recordamos al recientemente fallecido mago René Lavand. El argentino decía que una de las reglas de la magia es no repetir jamás un juego en la misma función. Tamariz se emociona al hablar de él, de quien dice que es “uno de los más grandes magos que conocí, íntimo amigo mío”. Nos cuenta que lo trajo a España para trabajar en televisión. “Siempre le he admirado y es una pena, la alegría se me va abajo al pensar que ya no está con nosotros”.

Confiesa que es verdad que no suelen repetir lo mismo porque es como repetir una película. “Si ya te sabes el final, si ya sabes quién es el asesino para qué repetirlo”, añade. Hay que ser muy rápido en este tipo de shows porque al interactuar tanto con el público hay que improvisar todo el tiempo. Nos cuenta que “dependemos de las reacciones y es por eso que acaba de alguna manera que no espero ni yo”. Para un mago el mejor aplauso es la cara de asombro del espectador. Dice que es muy bonito ver la cara de “no es posible lo que estoy viendo, de pasmo, asombro, alegría y de ilusión”.

Tamariz siempre lleva un espectáculo muy minimalista. No es de los que vuelan, caminan sobre el agua o hacen desaparecer a personas. Nos dice que “trato de jugar con los sentimientos y la psicología y para eso no necesito grandes cosas”. Añade que le bastan “unas monedas, una baraja y un papel” y es lo que siente más. Admira “a los que hacen grandes ilusiones” como Jorge Blass o David Copperfield, “admirado por mí y nos tenemos mutua admiración”. Dice que “él tiene envidia de mí porque yo le quito a las chicas”. Juan Tamariz nos deja claro que él “más que humor lo llamo alegría, no cuento chistes ni tengo líneas preparadas, me surge en el momento”.

Al preguntarle sobre el estado de salud de la magia en 2016 nos dice que “siempre se sale adelante, ha habido épocas en las que ha estado más baja de reconocimiento pero ahora hay magos más profesionales”. Nos confiesa que “los magos nos reunimos mucho porque somos amigos, cenamos juntos, hacemos congresos… No hay envidias, solo por mi look”. Nos dice que “el público ha captado que es un arte y que nos da alegría y satisfacción ver que se cumplen deseos imposibles”. Nos cuenta que sus libros se han traducido a seis o siete idiomas y que “hace poco me mandaron la edición china y vi varias erratas”.

No quiere que la gente le recuerde como un gran mago o un tipo muy simpático. Quiere que nos quedemos con que es buena gente, “que es lo más importante”. Y tiene ganas de que todos estemos un poco mejor, con más ilusión y alegría.

Juan Tamariz, genio y figura. Sin duda.