Sin duda alguna, una novela magnífica desde el principio hasta el final, en cada uno de sus puntos y comas. Gissing nos ha fascinado, y probablemente sea uno de los mejores escritores realistas de la historia, sin nada que envidiar a un Dickens, un Balzac, un Galdós, una Gaskell. Cada una de sus palabras es certera y auténtica, sincera y honrada, terrible  y salvadora. Una pena que sea un absoluto desconocido y que sus novelas hayan pasado casi desapercibidas hasta ahora. Un genio underground.

grubGrub Street era una calle asociada a la peña que se dedicaba a la literatura profesionalmente. Y precisamente del mundo de la literatura de la  última mitad del siglo XIX nos habla Gissing. Un mundo sórdido y chungo, vamos, como el de ahora. Donde lo que menos importa es el arte, y lo que más el beneficio. El capitalismo es lo que tiene, que todo lo que toca lo transforma en burdos intereses económicos y privados. En medio de toda esa desintegración del mundo de las letras, convertido es una mercadería como otra cualquiera, igual que vender churros o rosquillas, Gissing nos relata dos historias de desamor/amor, así como una de las más maravillosas contraposiciones entre un realismo burdo y cruel y un idealismo ciego y hermoso. Tenemos a un matrimonio compuesto por un hombre de letras, Reardon, un humanista con cierto talento y un exiguo éxito y una mujer culta y decidida, Amy, que se casó con él precisamente por el éxito que supuestamente prometían sus novelas. Por otro lado tenemos al señor Milvain, una especie de mother fucker literario, cuya meta en la vida es hacerse rico a través de la literatura, escribiendo en revistas diversas reseñas fácilmente consumibles, literatura industrial. Pretende el éxito cueste lo que cueste. Por otro lado tenemos  a Marian, una muchacha culta que trabaja como “negra” para su padre, un tipo frustrado y amargado porque no consigue dirigir ninguna publicación, con una esposa inculta, de clase baja, a la que trata como si valiese menos que un trapo. Destacamos también un personaje secundario, el bohemio forever alone Biffen, un muerto de hambre que vive por y para escribir, defensor del realismo literario y del idealismo vital más descarnado.

El realismo materialista, egoísta, capitalista es encarnado por Milvain y Amy mientras que el idealismo heroico, trágico, hermoso y terrible lo representan Reardon, Biffen y Marian. Los unos no quieren ser pobres, quieren tener una posición asegurada, pertenecer a la clase media, tener una bonita casa donde ofrecer fiestas inolvidables; no quieren preocuparse por qué comer mañana sino a quién invitar o no en la próxima velada. Seguridad económica y social, porque piensan que la pobreza hace indignos a los hombres… aunque precisamente para no ser pobres se tengan que comportar indignamente. Los otros simplemente quieren vivir como les gustaría, vivir de su arte, pero son incapaces porque anteponen ese mismo arte a lo que llamaría Marx condiciones materiales de existencia. Son pobres, rozando la muerte por hambre, pero se niegan a vender sus palabras como si fuesen chicles. Precisamente porque actúan noble y dignamente caen en lo más bajo, social y económicamente hablando.

230px-George_GissingPor otro lado, hemos de destacar el tratamiento que hace Gissing de las relaciones entre hombres y mujeres. No hay estereotipos  ni romanticismo edulcorado y falso. Gissing nos habla de mujeres cultas y letradas, que saben lo que quieren y que aspiran a la independencia. Son mujeres reales, que no se caracterizan por su belleza o su dependencia respecto a otro hombre. Mujeres que aspiran a la libertad en una sociedad que se la niega. Y en cuanto a sus relaciones con los hombres, lo bueno de Gissing es que el comportamiento de unos y otros no es el típico del hombre o mujer, sino el típico del ser humano cuando piensa que para conseguir lo que quiere tiene que engañar al otro.  Y lo que Gissing pone de relieve es la fata de comunicación y sinceridad entre las parejas, así como el desconocimiento mutuo, como aquel obstáculo insalvable todavía tan de moda.

La historia más compleja sea quizá la de Milvain y Marian. Él al principio la desea, pero jamás la llega a amar. Pretende casarse con ella porque piensa que va a recibir un cuantiosa herencia, sólo por eso. Ella se cree enamorada de él porque es el primer hombre que se fija en ella y le hace caso… epic fail, queridas/os, cuidado con esa admiración falsa de manual, que se lleva a tantas ingenuas/os por delante. Pero sabe perfectamente que su carácter no tiene nada que ver con el suyo, pero aún así… más vale eso que nada.

438px-GrubStreet-London_300dpiUna historia muy complicada, también muy triste porque todos sabemos que en este mundo (que también es el de Gissing) los idealistas no acaban bien, y son devorados por los oportunistas. El idealista se suicida, muere de enfermedad o es olvidado, solo y pobre. Gracias a que unos mueren o son olvidados otros llegan a lo más alto. Es la conclusión perfecta y verdadera de este sistema que nos ha tocado vivir, la riqueza de unos pocos siempre se sustenta sobre la pobreza de unos muchos, el éxito que se busca y obtiene nace y muere al momento pero permite una posición acomodada mientras el genio muere sepultado por negarse a venderse a sí mismo… es el precio de la eternidad.

Tenéis que leer a Gissing, porque sorprende  y hiere en lo más hondo. Es un autor muy necesario. Un realismo triste y terrible pero que en el fondo trata de defender el idealismo vital que los tiempos están destrozando poco a poco. Un realista literario que denuncia una sociedad cruel, banal, vulgar y estúpida. Un realista que defiende que en el fondo la dignidad del ser humano se consigue viviendo como un idealista… y muriendo como tal.

“Ambos somos muy poco prácticos. El arte de vivir es el arte de transigir. No tenemos derecho a fomentar sentimientos delicados y comportarnos como si el mundo permitiese relaciones ideales: eso no conduce más que a la miseria propia y ajena. Lo que usted y yo deberíamos cultivar es una vulgaridad afable. (…) ¿Qué es lo que somos usted y yo? No creemos en la inmortalidad; estamos convencidos de que esta vida lo es todo; sabemos que la felicidad humana es el principio y el fin de todas las consideraciones morales. ¿Qué derecho tenemos a hacernos infelices a nosotros y a los demás en nombre de un obstinado idealismo? Nuestro deber es aprovechar lo mejor posible las circunstancias. ¿Por qué cortar una barra de par con una cuchilla de afeitar si tenemos un cuchillo?”