Claves de la Transición española

El discurso oficial sobre la Transición, la idea que se ha ido vertiendo deliberadamente a la ciudadanía, es que fue un proceso modélico y pacífico dirigido por grandes demócratas. Alfredo Grimaldos (Madrid, 1956), periodista de larga trayectoria, se encarga de dinamitar esta sentencia con datos, nombres, hechos y documentos a lo largo las 180 páginas que componen el libro. El resultado se reúne bajo el título (y subtítulo) Claves de la Transición 1973-1986 (para adultos). De la muerte de Carrero Blanco al referéndum de la OTAN. Publicado por ediciones Península.

Comenzaré por el final. La conclusión de Grimaldos a lo largo de toda la exposición es tan clara como sencilla: la España de hoy es una actualización del Franquismo, por necesidad histórica, oculta tras un decorado democrático. La idea, sostenida con sólidos argumentos, recuerda al enfoque de aquel Amanece, que no es poco: cambiar para que todo siga igual.

El ensayo de Grimaldos pertenece a lo que llamo irónicamente ficción necesaria. Es tal la gravedad de las afirmaciones, tanta la sorpresa al despertar en un país nuevo, de golpe, que ocurre como con La doctrina del Shock de Naomi Klein o como con la muerte de alguien querido: lo primero es negarlo. Grimaldos acertadamente da los argumentos que sostienen las ideas propuestas en el preciso momento en el que tú has de negarlas.

El Rey, designado por Franco, se convierte en sucesor del Régimen, jurando los principios del Movimiento Nacional. La CIA considera España el centro de las operaciones militares en África, Asia y Europa, por lo que los servicios secretos diseñaron esta transición, ahora tutelada, a orillas del río Potomac (Virginia), cuyo hilo narrativo emana del general Vernon Walters. Felipe González da un golpe de estado en el seno del PSOE, elimina la doctrina marxista de los principios del partido, y se consigue diseñar la alternativa a la derecha española, que toma toda las altas magistraturas. Los jueces franquistas medran durante la Democracia, la policía o la Guardia Civil o los grupos ultras matan a más de 100 personas, impunemente, desde 1976 hasta 1980. La Iglesia continúa actualizando acuerdos con el Estado y el Trono, en especial respecto a su financiación y a su papel en la educación, incomprensiblemente en un Estado no confesional. El auténtico enemigo del Poder son los movimientos sociales, que se reprimen con sangre, rebelde e institucional, firmada ya la Constitución (capítulo aparte).

A lo largo de 10 bloques, Grimaldos traza un recorrido molesto, pero firme, como el ruido de un despertador, que despierta de golpe cuando menos lo necesitas. El baile de cifras, nombres y ejemplos concretos no distorsiona el relato, sino al contrario: es una lectura amena, aunque comprometida y seria, que se lee en un fin de semana.

El Franquismo, lejos de morir con el Dictador (“su excrecencia”, como ha manifestado Grimaldos en algún discurso público), ha penetrado en todos los estamentos y “hoy lo vemos con toda su podredumbre”. Claves de la Transición… utiliza el presente histórico, un recurso eficaz que en esta ocasión juega un doble papel.

La actualidad de las afirmaciones referidas a 30 años atrás consigue que el lector se pregunte si seguimos observando el periodo de La Transición o si ya hemos vuelto al presente, a 2013, año de publicación de la obra. Sin embargo, el presente sólo se toca una vez, y expresamente señalado.

Terminar el libro y concluir que toda la actualidad obedece a una lógica lineal, sin cortes ni fisuras, es todo uno. “En un país normal…” escucho en el bar, mientras leo la última línea del libro, y pienso que esa normalidad supuesta en nuestro enfoque como ciudadanos es fruto de una intoxicación de nuestro pasado más reciente. Si con la pestilencia que emana de la corrupción nos sorprendemos, se debe únicamente a que nos hemos creído el discurso oficial. Si sostenemos que el bipartidismo español es producto de la libre elección de los votantes, si creemos que “tenemos lo que nos merecemos”, no se han leído los silencios de la Transición: “el bipartidismo es el unipartidismo de dos caras”. La misma dificultad que el autor ha tenido durante la investigación constata su idea de base. No hay sorpresa cuando todo encaja.

Con pulso firme, en ocasiones indignado, Alfredo Grimaldos nos describe un perfecto ovillo con decenas de hilos de los que tirar, un punto de partida (con bibliografía en apéndice) desde el que desenmarañar mentiras y ver los colores con los que se ha construido el decorado.

Estoy tentado de rebelarme contra Grimaldos y sentenciar que su propuesta es exagerada, que mejor esto que aquello, que se te ha ido la mano, Alfredo. Pero me contengo, porque no he encontrado un argumento que desacredite sus investigaciones ni su experiencia, por fuerte que sea mi deseo de conseguirlo y maldita sea, que todas las noticias de Nacional le dan la razón.

El propio Grimaldos resume los temas y argumentos de su ensayo: