Marcos Ana es un poeta que entiendes a la primera. Si lees en un verso “decidme cómo es un árbol”, entiendes que el autor perdió las referencias. Si conoces su biografía, también comprenderás al leer ese verso que la memoria de la realidad se le fue difuminando con los años.

En sus 23 años de cautiverio tuvo que comunicar al mundo su lucha y sus tormentos. Tuvo que hacerlo con una precisión robótica. No estaba para florituras. Imagina el tesoro de un trozo de papel en la cárcel como único medio para lanzar un mensaje de solidaridad. Exprimió sus ideas a la fuerza en su cabeza y cuando por fin lo vio claro se lanzó a rellenar el papelito. El mensaje ha llegado sin complicaciones y, además, ya sabe otra vez cómo es un árbol.

Sólo se me ocurren dos cosas para convecer a alguien para que lea los poemas de Marcos Ana. Decir que tienen una carga emocional enorme y accesible. Y añadir que Extremoduro se inspiró en ellos para esta canción: