Miss Lonelyhearts es un tipo, cuyo nombre nunca sabremos por resultar innecesario, que se dedica a responder a las cartas de gente jodida y muy desesperada en la sección de un periódico de Nueva York en la época de la Gran Depresión. Como esos programas de madrugada de alguna de nuestras radios, en los que los camioneros confiesan su hastío por la vida y el amor imposible por una prostituta, por poner un ejemplo. Obviamente no se pretende de este tipo nada del otro mundo. Respuestas banales para problemas tan terribles que parecen irresolubles. Sus compañeros de trabajo se lo toman a cachondeo, pero nuestro tipo es un tipo serio, con complejo de Jesucristo, y por si fuera poco lector de Dovstoievski y sus Hermanos Karamazov. Él quiere ser un salvador, y se compadece de toda esa humanidad doliente que suda lágrimas opacas en cada una de sus cartas. Obviamente es incapaz de conseguirlo, porque aunque entiende perfectamente ese dolor abstracto, ese sufrimiento holístico por el que inmolarse y convertirse en un mártir, lo que no entiende es que el dolor siempre será individual y personal, como cualquier sentimiento.

200px-West_lonelyheartsNuestro tipo queda traumatizado por las movidas de esa humanidad realmente inexistente. Le superan sus problemas que son como tiros certeros sobre su alma. Nuestro tipo se siente acribillado, la Thompson de los dolientes americanos le ha agujereado completamente y se queda sin alma. Por ello, cuando uno se siente un fracaso y un incompetente, la única opción que le queda es emborracharse,  joder al personal y echar un polvo fácil y sin complicaciones… entre otras cosas.

Y así, la vida de este tipo se convierte en un esperpento existencial, un despropósito continuo. El tipo se vomita a sí mismo, y se mezcla con el resto de los vómitos existenciales que pululan por la novela de West. No hay cuartel para los personajes de este libro, la exageración de su falta de dignidad es cruel pero certera. Digamos que son la mierda del sistema, y les gusta serlo porque no son capaces de imaginar otra cosa. Es el morbo de la depravación, qué le vamos a hacer.

Descreídos, solos, perdidos, desilusionados, derrotados, salvajes… Eso es lo que ve a su alrededor nuestro tipo. Y él no escapa a esa espiral de deshumanización, a esa enfermedad moral inoculada por un sistema capitalista que necesita que los individuos se rompan para utilizar sus despojos como piezas para sus máquinas de producción.

Nuestro tipo quiere ser un héroe, un salvador, solucionar los problemas de aquellos que le escriben, que para eso es su trabajo; trata de ser una buena persona, de demostrar a los demás lo equivocados que están, quiere dar una lección y predicar en medio de toda la basura. Pero el salvajismo de la sociedad le asedia y le vence. Él ama a la humanidad, como todo buen filántropo (ah, ¿no es eso algo que nació con Rockefeller?), por eso no pasa nada si de vez en cuando se ríe cruelmente de alguien, pega a una mujer, trata como un trapo a otra que le quiere… qué más da, los individuos no existen (o si existen lo hacen como objetos, como mercancías para ser consumidas), sólo la humanidad tiene su razón de ser, sólo por la humanidad merece la pena destruir y ser destruido. La nada es una bandera por la que merece la pena sacrificarse y convertirse en un mierda.

El libro de West es una novela muy compleja… demasiado sentido; tanto que si eres un pajillero mental, te costará dormir después de leerla. Condensa en unas pocas palabras ideas terribles y poliédricas. Como un cubo de basura, en conjunto puede repugnar, si uno escarba puede hasta vomitar, y si uno mete la mano se ensuciará para siempre. El lenguaje de West es incisivo, como si te apuñalase un cirujano, no es un boxeador, es un torturador de la palabra. West te manchará irremediablemente, como un caballero, por eso no se lo tendrás en cuenta.

west_nathanael-19700924010R.2_gif_300x641_q85Un denuncia de la violación moral a la que constantemente estamos sometidos, día tras día, hora tras hora. En especial gracias a la perversión de la moralidad que consiste en hacer creer a la peña que nuestras acciones son buenas si buscan el bien de la humanidad, volcando todos nuestros afanes en un concepto vacío que pretende significar tanto que al final acaba por no significar nada. Los grandes malvados siempre han amado a la humanidad, y han tenido buenas e inocentes intenciones respecto a ella. Aunque por medio se hayan llevado algún que otro individuo, pero esos, para el santo no existen, el santo vive de conceptos vacuos que permiten justificar cualquiera de sus acciones. Que la gente luche por la humanidad mientras linchan a un cualquiera por contradecirlos.

Amantes forzosos de la nada, tened valor de meteros en las cloacas de nuestro mundo, que en el fondo es muy similar al mundo de West, y sumergíos hasta el cuello en los ríos de esas aguas turbias y sucias, donde la mierda y la sangre se entremezclan, hasta el punto en que uno es incapaz de distinguirlos por su color o su olor.