Los griegos utilizaban dos palabras diferentes para referirse a lo que nosotros denominamos amor: eros y philia. Eros era el amor sexual, el deseo físico, la pasión carnal, el enamoramiento ciego y extremo. Philia era la amistad, el amor basado en la igualdad y el conocimiento, tan cargado de razones que acababa convirtiéndose en incondicional.

Hay libros que llegan justo en el momento oportuno; con ello me refiero a justo en el momento existencial adecuado en el cual las palabras no se limitan a posarse levemente sobre nuestro corazón y nuestra razón, sino que directamente los golpean, hasta hacerlos sangrar. Son libros que pueden parecen homicidas en un primer momento, aunque después uno se dé cuenta de que en el fondo eran libros cirujanos, y de que en la mayoría de las ocasiones para curarse hay que sufrir lo indecible. Este libro de Bukowski es uno de esos libros homicidas que acaban convirtiéndose, por un golpe maestro o un gancho perfecto, en tu cirujano de confianza.

MUJERES-CHARLES BUKOWSKIHenry Chinaski lleva cuatro años sin follar, y precisamente el libro Mujeres relata cómo Chinaski decide acabar con esa abstinencia e iniciar un auténtico maratón sexual, un homenaje al eros llevado hasta sus últimas consecuencias. Un eros bestial y cruel. Chinaski casi tiene 60 años y las amantes que se va a buscar tienen todas casi siempre 30 0 20 años menos.  Por si fuera poco, las mujeres que busca no es que estén muy equilibradas mentalmente. Jóvenes y locas, algunas promiscuas, otras simplemente buscan a un tipo para sentirse completas, un protector, un benefactor, otras me imagino que atraídas sencillamente por la fama y el morbo que ello puede suponer se entregan sin mucho esfuerzo por parte del escritor y poeta. Sexo, alcohol, poesía, pululan por la páginas de este libro homicida.

Si eres mujer, obviamente lo que dice Chinaski no es muy edificante. Las mujeres son importantes en tanto que objetos sexuales. Lo demás es accesorio. Lo importante es el coño; lo demás, adornos que lo hacen más interesante. Es el síndrome de Don Giovanni, del que ya hablara Kierkegaard. El hombre que no busca a la mujer concreta, sino que busca el ideal de la mujer, por eso tiene que probarlas a todas, porque lo que busca es lo que hace a una mujer mujer, no lo que hace a una mujer un individuo único e irrepetible. Hay muchos hombres así, que buscan acostarse con cuantas más mejor, quedándose en lo superficial, que es lo fácil. Chinaski hace gala de este síndrome, pues se acuesta con toda mujer que se le ofrece sin respetar ningún principio de fidelidad, pues sólo busca sexo más que compañía. Eros domina, la philia desaparece.

Kant, cuando hablaba sobre el sexo, decía que realmente cuando dos personas follaban se trataban a sí mismas y al otro como objetos. La cosificación es un presupuesto del deseo sexual, el morbo consiste en tratar como un objeto lo que por naturaleza no lo es. Es el lado oscuro del sexo, esa inmoralidad innata y necesaria. Y realmente la mayoría de las escenas sexuales que aparecen en el libro se resumen en una absoluta cosificación del otro. Es un sexo violento y primitivo, un sexo básico, rutinario, convencional y animal. El falocentrismo es esencial, claro. Todo se reduce a meterla, todo se reduce a la genitalidad, al placer inmediato que supone la descarga sexual.

El otro como medio, como objeto, como cosa  a través de la cual obtengo un placer físico, más masturbatorio que otra cosa, porque en el fondo es la liberación de una tensión, la tensión que la existencia produce en nuestros corazones, y por ello se acaban rompiendo. Quiero al otro para usarlo, y es realmente placentero convertir a una persona en un objeto que pueda usar a mi arbitrio y hacer lo que quiera con él. Es la violencia la que subyace en toda posesión y dominio. Poseer a una persona en la cama y tratarla como un trozo de carne gimiente, eso es el eros radical, y en el fondo hemos de reconocer que eso nos pone, que esa violencia es atrayente y muchas de nuestras fantasías están plagadas de ese tipo de posesiones violentas, laceraciones carnales, penetraciones salvajes, besos como mordiscos, caricias como golpes.

Si alguna vez os han tratado y utilizado como un consolador humano, las palabras de Chinaski os traspasarán y harán que vuestras viejas heridas sangren, y os provocarán un dolor profundo, y os sentiréis asqueados, y hasta querréis vomitar. Sin embargo, la genialidad de Bukowski no podía quedarse ahí;  Chinaski no es tan sólo un Don Giovanni viejo y caduco que quiere resarcirse de una juventud no tan sexualmente provechosa.

BOOKS BUKOWSKI DONATIONLa sombra de Kant y el imperativo categórico es alargada… El momento sublime de ‘Mujeres es la reflexión que le lleva a decir a su pene: “¡Tú, sucio hijo de puta!”. Chinaski se da cuenta de que se está comportando como un mierda: “No consideraba nada más que mi propio placer egoísta y barato (…) Yo jugaba con vidas y almas como si fueran mis juguetes. ¿Cómo podía llamarme a mí mismo hombre? ¿Cómo podía escribir poemas? ¿En qué consistía yo? Era un Sade de quinta fila, sin su intelecto. Un asesino era más consecuente y honesto que yo. O un violador (…) No era bueno. Lo peor es que me hacía pasar por lo que no era: un buen hombre. Era capaz de entrar en las vidas de la gente porque confiaban en mí. Así hacía mi sucio trabajo”.  Chinaski se da cuenta de que lo que hace no le lleva a ninguna parte, utilizar a las mujeres como consoladores gimientes le hace sentir un mierda,  al usarlas se ensucia cada vez más su “yo”. Es lo que tiene dejarse llevar por el egoísmo, es lo que tiene poner al “yo” por encima de todo, incluso de sí mismo, de su dignidad.

Pero porque Chinaski está lleno de mierda, escribe, tal como llega a decir en el libro. La mierda como el auténtico principio de la literatura, ese es el secreto de Bukowski. Y su sinceridad y honradez intelectual. Hay pocos hombres que estén dispuestos a admitir lo que Bukowski escribe sobre sus relaciones. Él tiene la decencia de confesar que ha tratado a las mujeres como ganado sexual, y que eso tiene su encanto. Incluso respecto a ellas es sincero, y dice lo que hay, cosa bastante poco común, ya que está estipulado que la mentira es el método más eficaz para llevarse alguien a la cama. Cuando realmente no hay nada más fácil que abrirse de piernas, lo difícil es abrirse el alma.

kelly-green-charles-bukowski-girlie_designChinaski se redime gracias a ese momento kantiano. El imperativo categórico haciendo de las suyas, porque cuando seguimos esa ley moral nos sentimos dignos de nosotros mismos; sino, nos sentimos unos mierdas. Kant también decía que el principio inmoral y oscuro del sexo tiene remedio. Sólo cuando el eros se mezcla con la philia el sexo es algo más que cosificación y cada uno de los amantes puede recuperar su carácter de persona mientras se aman. Recuperar la personalidad a través de la cosificación sexual sólo es posible si trato al otro como un individuo, una persona única, con nombres y apellidos, que no es sólo pene o coño. Cuando trato al otro como un amigo, un igual.

Una obra maestra sobre la naturaleza del sexo y su relación con el amor. Una obra maestra que hay que vivir para entenderla hasta las últimas consecuencias; ya decía Deleuze que para entender a un borracho o a un drogadicto había que drogarse y emborracharse. Si nunca te han utilizado o has utilizado, entenderás las palabras de Bukowski, pero no  sentirás que golpeen tu alma. Y eso debería hacerte sentir afortunado, porque el conocimiento de esta novela es un conocimiento que puede convertirte en un jorobado existencial y sexual.

Una obra digna de una ilustración sexual, tan necesaria y urgente para una época como la nuestra, donde el eros domina de forma caricaturesca y esperpéntica, un eros deforme, un eros en el fondo muy capitalista. Atrévete a pensar en el sexo: este libro es un buen comienzo para ello. Porque sólo el conocimiento filosófico sobre el sexo puede llevarnos a desterrar de nuestras vidas la mayoría de las relaciones de mierda que esta sociedad parece presentarnos en bandeja de plata de imitación. Relaciones de mierda, trabajos de mierda, vidas de mierda. Porque la auténtica revolución, la que cambie la actitud del individuo hacia sí mismo y el mundo, quizá podría empezar en la cama… recuperando nuestra humanidad (que la sociedad nos niega) a través del otro.