Niño y pistola son una banda gallega cuyo nombre siempre me hace pensar en una de las series de moda, The walking dead, y concretamente en este artículo. Y escuchando su último disco, esta relación se me hace incluso más estrecha.

There’s a man with a gun over there nos habla de la américa profunda, de esa que vemos reflejada en la serie apocalíptica de Frank Darabont basada en los cómics de Robert Kirkman y Tony Moore, con sus sheriffs, sus granjeros y sus niños vaqueros. Pero sin zombis.

La historia es la siguiente: Tom, un trabajador harto de su jefe, decide comprar una pistola y matarlo. Todo ello enmarcado en una sonoridad y ambientación puramente americanas (como podéis ver en las fotos que acompañan a esta crítica) que nos transportan mentalmente a un paisaje árido de Arizona (o a cualquier otro estado del suroeste de EEUU). Un marco lejano para reflexionar sobre cosas que no lo son tanto: las condiciones laborales, la presión del sistema, la violencia que genera, etc …

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El disco tiene un comienzo tranquilo. Los dos primeros cortes comparten arreglos, y recuerdan ligeramente a la BSO que Eddie Vedder compuso para Into the wild. Se nos presentan unas escenas costumbristas y casi bucólicas de Tom trabajando en un bosque talando árboles y posteriormente conduciendo su camión. Pero en los tres últimos versos de ‘I used to drive a truck’, su amargura queda patente (“Drive, 5 bucks a week. / Time’s not enough. / Life it ain’t too long.”)

El tercer corte empieza con una transformación a un sonido más guitarrero, y la historia empieza a cobrar forma. Tom se va a la tienda de Mitchell con un objetivo claro “I want a gun. I want it right now”. El bueno de Mitch, en su ingenuidad, le pregunta para qué. “I wanna shoot my boss”. Y Tom es claro en sus intenciones “There is no other way”.

Poco a poco vamos subiendo el ritmo, and ‘By the grace of god’, el single elegido para presentar el disco, nos transmite la excitación del hombre que va a matar (“Soon, (…) you will get everything you deserve, mister ”).

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Y después de la tempestad, la calma. Una vez perpetrado el crimen Tom es detenido por la policía y va a la cárcel. ‘And then the rain started’ nos narra las penalidades de diez años de cárcel, y cómo un hombre culpable se pregunta si se habrá equivocado con sus actos. Una historia digna de las mejores canciones de country, con un sonido americano que muchos intentan conseguir pero que muy pocos logran, con un final in crescendo en el que destacan el hammond y las guitarras.

‘Indian song’ es otro corte de excelente factura musical y puro sonido americano. Como su título indica, el tono se basa en las canciones indígenas, aunque en algunos compases nos recuerda a un baile de Saloon. A partir de aquí entramos en el segundo bloque de la historia. Tom sale de la cárcel 14 años después, y vuelve a casa a luchar con sus recuerdos. El sonido alargado del pedal steel nos transmite esa añoranza. De hecho, la música acompaña perfectamente en todo el disco a la historia; la soporta emocionalmente.

En los temas ocho y nueve, Tom se dirige al lugar donde solía jugar de pequeño y recupera una cápsula del tiempo que había enterrado años atrás. Con este pequeño gesto, y con un ritmo medio que nos hace sentir cierta esperanza, se cierra la historia.

Pero aún hay tiempo para una pequeña coda. El disco termina con una bonita balada, ‘We’ve had enough’, ajena a la historia de Tom, pero que enlaza en la temática: cómo el sistema empuja a la gente a la desesperación en momentos de necesidad.

En definitiva, 40 minutos de pura inmersión en el universo musical yanqui. Una parte de América en el centro de Galicia.