Llega el otoño (o winter is coming, que diría aquél), y con él tantas cosas típicas de los meses con erre: el frío, las pocas horas de luz y las tardes de sofá y manta. Y como no hay nada mejor para acompañar esas veladas que un libro, Ediciones Oblicuas aprovecha para presentarnos varias de sus novedades editoriales. Os las desgranamos a continuación.

 

Hallarse, de Adriana Soto.

Hallarse

Adriana Soto es una joven escritora venezolana que debuta en el mundo de la poesía con este volumen. Nos presenta una serie de poemas que beben de las fuentes de la adolescencia, del darse cuenta de cómo es el mundo. La voz narrativa se enfrenta al amor, el sexo, las infidelidades y los conflictos familiares con los ojos de quien descubre el mundo y con la rabia de quien es defraudado por primera vez. Quizás los versos que mejor resumen el libro sean los siguientes, extraídos del poema “Qué sensación”:

Qué sensación tan rara
de tenerte a no tenerte
de sonrisas a llanto
de alegría a rabia
de mi verdad a tu mentira
de mi ilusión a tu engaño
de mis esperanzas a tu nuevo amor.

Qué sensación la que llevo dentro
de quererte a odiarte
de amarte a matarte
de verte a golpearte
de mirarte y explicarme.

La inexperiencia que nutre sus versos es quizás su punto flojo ya que, aunque apunta maneras, son muy evidentes los tanteos en el estilo, la falta de una voz definida. Un diamante en bruto que esperamos que los años vayan puliendo.

 

Fragmentos de una niña decapitada, Elena Román.

FragmentosNinaDecapitada

Elena Román es una escritora con varios éxitos y premios a sus espaldas tanto en poesía como en prosa. Seguramente esta experiencia es la que le ha valido para hacerse con el VI Premio Narrativas Oblicuas con este título en el que se mezclan humor negro, fantasía y ternura. Todo ello para explicarnos la historia de Mía, una niña que, como todas la de su edad, se entrega a sus pensamientos durante las horas que pasa encerrada en su cuarto. Horas muertas como ella, que murió decapitada en unas circunstancias que se irán desvelando a lo largo de los capítulos.

En forma de una serie de reflexiones que se asemejan a un diario, Mía nos explica sus sensaciones, a veces con inocencia y a veces con crudeza. Un contrapunto que le permite a la autora navegar entre dos aguas, sin que sepamos definir si nos encontramos ante un libro infantil o para adultos. El tono idóneo para arrancarnos una sonrisa y al punto siguiente quitárnosla de golpe con párrafos como este:

Mami, yo pienso mucho en morir. Pero morirme de verdad, dejar de ser. No estar en este cuarto ni en ningún lado.

Quizás en algún punto de la narración el lector se encuentre descolocado por esta ambigüedad al encontrarse con bromas o dobles sentidos de una simplicidad más que evidente, o reflexiones que no cuadran con la mentalidad de una niña pequeña. Jugar con esa doble lectura puede ser un peligro, pero los más inquietos encontrarán en ello un motivo para releer la obra desde distintas ópticas.

 

Al final muere, de Carlos Bello.

AlFinalMuere

Este libro es otro de los galardonados con los premios que entrega la editorial, en este caso con el VI Premio La Nunca. Con él, Carlos Bello se estrena en el mundo de la ficción tras ejercer su carrera de periodismo. Es posible que, tratando de conseguir la objetividad en sus artículos, acabara dando vueltas en su cabeza esta novela, cuyo objetivo total es matar al narrador (que no al personaje ni al autor), dejando en manos del lector la construcción de la obra. Como declara el protagonista: Que sea el lector quien curre.

Los recursos para conseguir su objetivo son varios: literatura fragmentaria, simulación de correspondencia, listas de consumo audiovisual… Y todo en medio de un tono irónico e irreverente.  El resultado, si bien no parece cumplir con el objetivo inicial, es realmente interesante y se convierte en una lectura agradable y amena, pero que a la vez nos hace reflexionar sobre algunos dogmas y aires de grandeza de la literatura. Por ejemplo, cuando el personaje en plena disertación literaria se plantea usar más la coletilla “y esas mierdas” obtenemos un contrapunto que a un servidor le arrancó una carcajada:

Orfeo y Eurídice se aman y esas mierdas, y por eso se casan, pero es que luego, al poco, va la jodía y se muere.

Si queréis saber cómo acaba el resumen de esta historia, tendréis que leer la novela. Yo sólo os diré que a continuación resume también Romeo y Julieta. A ver quién se lo pierde…