El artículo décimo de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana escrita por Olympe de Gouges en 1791 decía lo siguiente:Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley. Y el derecho de la mujer a subir al cadalso fue el único que Olympe de Gouges pudo experimentar en carne propia, el único que la igualó al resto de los varones.

La vida de Olympe de Gouges demuestra que la historia no siempre es tal como nos la han contado. Al menos la historia de la mujer. Pues la historia está  plagada de hombres protagonistas, ya sea en la política, en el arte, en la ciencia, en el periodismo… Una historia que todavía tiene nombre de varón, sólo hay que echar un vistazo a los libros de texto que han de memorizar los adolescentes hoy en día.

FOTOcatelEl cómic de Catel y Bocquet nos relata las peripecias vitales de Olympe, así como nos ofrece un retrato impresionista del París prerrevolucionario, revolucinario y el del Terror. Una obra muy bien documentada (sólo hay que echar un vistazo a la bibliografía que incluye), que refleja de manera sencilla, sensual, realista y eficaz la vida de una mujer que trató de vivir como quería en una sociedad donde eso estaba mal visto.

Olympe nació en el seno de una familia burguesa (su padre era carnicero, y su madre hija de un negociante de telas), ahora bien, ella siempre defendió que su padre era un aristócrata, el marqués de Pompignac, amante y aficionado a la literatura (llegó a estrenar una obra de teatro, Dido), enemigo de Voltaire. Olympe se casó a los diecisiete años con un tal Aubry, con el que tuvo un hijo, Pierre Aubry, y del que afortunadamente enviudó bastante pronto. La experiencia matrimonial no fue muy buena, pues Olympe jamás volvería a casarse, a pesar de haber tenido la oportunidad y poder haberlo hecho por amor. Su viudedad significa libertad y Olympe empieza a “autoilustrarse” (salir de esa minoría de edad de la que Kant acabaría hablando más tarde); llevando una vida bastante burguesa gracias a su amante Biétrix de Roziéres. Olympe querrá dedicarse al teatro, adquirir cierta notoriedad gracias a la cual llegó a representarse alguna de sus obras como ‘Zamore y Mirza, o el feliz naufragio, una obra abolicionista que sólo pudo ser representada durante la etapa revolucionaria. Durante este periodo Olympe se centra en la actividad política, alineándose con el ala girondina. Habrá dos causas que no abandonará nunca y que centrarán su labor panfletista: los derechos de la mujer y la abolición  de la esclavitud. Sus críticas a Robespierre, el hecho de no haber defendido la muerte del Rey, así como la defensa de la causa girondina dieron lugar a que fuese acusada de defender, a través de un escrito, a los girondinos, que ya estaban proscritos como contrarrevolucionarios; fue encarcelada, juzgada sin ninguna garantía (hubo de defenderse a sí misma) y finalmente fue ejecutada en la guillotina el 2 de noviembre de 1793.

9788415530077Los dibujos infantiles de Catel Muller son perfectos para la historia de Olympe, en una época donde la ingenuidad en la defensa de ciertas ideas así como la perversión a la hora de ponerlas en práctica da lugar a un contraste fascinante, que los dibujos de Catel plasman con gran acierto (ponemos como ejemplo la imagen de la cabeza sangrienta clavada en una pica de la princesa de Lamballe). En cuanto a la historia narrada por Bocquet es capaz de sintetizar y reflejar lo más interesante de la vida de Olympe, así como ofrecer un panorama de las ideas que flotaban sobre el ambiente ilustrado de la época. En frases cortas y sencillas, podemos ver reflejos fieles y destellos deslumbrantes del pensamiento de Voltaire, Rousseau, Condorcet, Bejamin Franklin, Robespierre, etc.

Otro punto a destacar de esta novela gráfica son los personajes que rodean y dotan de color la vida de Olympe, sobre los cuales aparece un resumen de su vida al final del cómic, totalmente recomendable. Aparece el matrimonio Condorcet (uno de los primeros hombres en defender la igualdad de la mujer, gran político y filósofo), Saint-George, que nació esclavo pero vivió libre, conocido por ser un virtuoso en arte de la esgrima así como en el violín; la señora de Helvecio, que regentó uno de los salones más ilustrados e originales de la época; Brissot, el paladín de los girondinos; Théroigne de Méricourt, que reivindicó el derecho de la mujer a participar en las batallas y tomar las armas, etc. Un mosaico de personajes tan interesantes que cada uno de ellos merecería su propia novela gráfica.

Marie-Olympe-de-GougesSeductora y fascinante, luminosa y deslumbrante; no se nos ocurren otras palabras para definir esta apasionante novela gráfica, recomendable en todos los sentidos, para adultos y adolescentes, a través de la cual se puede descubrir la vida de una mujer pionera en la defensa política de los derechos de la mujer. Una mujer con nombre propio, que no es conocida por los hombres a los amó (como buena libertina que fue), sino por ella misma, por lo que escribió y por lo que hizo. Una mujer que trató de vivir como quería, una vida dedicada a la escritura y al activismo político, una hija digna de  la ilustración underground no tan conocida (no la de Voltaire y Rousseau, sino la de Diderot y Condorcet). Una mujer cuya principal lucha, la de los derechos de la mujer, dista mucho de haber finalizado. Una mujer pionera, sobre todo en relación a su existencia, de la que todavía podemos aprender muchísimo.

El epílogo de la Declaración, cuyas palabras son plenamente actuales, decía así: “¡Mujer, despierta!; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres!, ¡mujeres!, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas?, ¿qué ventajas habéis obtenido de la revolución?: un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo”.

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