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Marcel Barrera, el director de prensa de BCNegra2013, me recibe en La Capella, equipamiento de Barcelona con un aforo de 400 personas, e indica que “casi nunca se llena” cuando le explico que prefiero llegar con tiempo a la actividad dada la calidad de los ponentes. Es martes, 5 de febrero, fecha, lugar y hora temprana para asistir a la mesa redonda Doble personalidad: periodistas de dia, novelistas de noche.

Escucho precisamente la frase de Marcel como la excepción que confirma la regla: el aforo está completo porque se explica Yasmina Khadra, escritor, y modera Carlos Otamendi, inspector de los Mossos d’Escuadra. Marcel se da cuenta, así que no puede disimular un gesto involuntario de justificación. Son las 19:20, 10 min para el inicio de la mesa redonda, y hay casi tanta gente fuera del auditorio como dentro escuchando a Yasmina.

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La antesala, un espacio de paredes de piedra con un encanto histórico silenciado, se ha llenado. Estamos esperando que Maruja Torres, Ignacio Escolar, Berna González Harbor y José Sanclemente suban al escenario. Mientras tanto, los asistentes de la conferencia anterior se agolpan en torno a una mesita propia de un café parisino donde presumiblemente el escritor se pasará algo más de una hora firmando libros. Quizás los firme el inspector de los Mossos.

La BCNegra2013 me parece un éxito atendiendo a la participación de una sola tarde. No veo a Marcel por ninguna parte para comentárselo. Quizás ha ido a comprobar desde el piso superior, allí a vista de órgano dominando la antigua capilla de la calle Hospital, que no cabe una silla más. Con los fotógrafos, técnicos de sonido, público general y personal organizador hemos superado los 400 asistentes.

Todos queremos saber cómo los invitados se las llevan arreglando durante años para dedicarse al periodismo de día y a escribir novelas de noche. De noche o en sus ratos libres. Alguno se pregunta si la capacidad de llevar a cabo tales compromisos con las letras no conlleva una necesaria predisposición a la locura.

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Quizás no todos los asistentes recibieron con decepción la noticia de que Ignacio Escolar no asistiría debido a una gripe severa. Me anticipo (y que I. Escolar me perdone): durante la hora y pico que duró la mesa redonda nunca pensé en él, atrapado como estaba en el discurso, por más que los ponentes le citaran, unas veces como ejemplo de buen periodismo, otras en calidad de compañero y amigo.

Al moderador, Ricard Ruiz Garzón, le pasó como a los buenos narradores de los libros: no se nota su presencia aunque se encarga de distribuir la información. Si en aquel momento hubiéramos sido personajes de novela, el autor habría empleado muchísimo más tiempo en trazar los tempos del moderador que en crear los diálogos de cada uno de los protagonistas. Siguiendo con la ficción, porque no se explica de otro modo, fue Ricard Ruiz quien declaraba que se había leído los 4 libros de cada uno de los autores de la mesa esa misma semana. Pero era martes y mis semanas empiezan el lunes. Halló el modo de conectar temas recurrentes entre los cuatro: el alcohol, el sexo, el periodismo, la realidad.

BCNegra mesa redonda literatura y periodismo

La realidad justamente se imponía en cada momento mas que ningún otro asunto. El moderador intentaba dirigir el discurso hacia la ficción, al modo en que un padre corrige con paciencia al hijo que se tuerce. La realidad, corrupta, política, económica, gris, era terrible. Y, sin embargo, quizás sin quererlo, fue el eje en el que se vertebraba toda la actividad creadora de los periodistas. Lo que más odiaban era lo que mejor reproducían, tanto para evadirse en sus novelas como para denunciar la situación y reflexionar sobre ella.

Maruja Torres comenzó sentenciando de la misma manera que la primera frase de una novela te indica el decurso de todo lo que ha de venir: “Para la realidad ya tengo el periodismo: tan agobiante, tan asquerosa y tan necesaria conocerla”.

El alcohol y el periodista

“Vuestras novelas chorrean alcohol”. A nadie le sorprende la frase, pero tengo que dar una vuelta por mis recuerdos sobre las Memorias líquidas de Enric González para establecer que no es la primera vez que un periodista menciona el alcohol como parte del oficio. Risas sí que hay, y Maruja Torres se encarga de no apagarlas con una frase que pretendidamente iba en la otra dirección: “la realidad del periodista es para sufrir“. Antes de terminar la frase, González Harbor declara que no nos podemos imaginar “la cantidad de presiones que hemos recibido en El País para frenar esto o aquello”.

Conviene saber que esa realidad que se impone durante todo el debate es la de “esto o aquello”. La de los sobre del PP, la de los secretos del pasillo de la trama Gürtel, la de los silencios en torno a la familia real. La de una población engañada, en definitiva, y una democracia sin tegumento.

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Enric González declaraba algo similar en sus Memoria líquidas: “prefiero no hacer balance porque me dedico a un oficio en el que resulta prácticamente imposible hacer las cosas de forma excelente, o al menos irreprochable“. Sobre nuestras cabezas de público curioso cruzan sugerencias y parece que todos hablan cuando todos estamos en un momento de absoluto silencio. La realidad pesaba.

Pero Maruja Torres decide crear un ambiente distendido, así que después de aclarar que el alcohol también se toma para celebrar el envío de una noticia, nos revela como al oído de 400 personas que le tiene declarada la guerra al tabaco aunque en absoluto se la ha declarado a los porros.

También ha habido un tiempo final para dedicarse al sexo y la sensualidad. Amigablemente, las dos escritores critican la propuesta de amor sentimental de la novela de José Sanclemente. “Es un poco cándida”, dice Maruja Torres. “Es muy sentimental”, expresa González Harbour. El escritor y periodista no tiene más remedio que aceptar que su entorno más cercano también se lo ha recriminado. “Realmente no sabía cómo salir de esa relación. Terminas cuestionándote si debería ser tal y como se ha publicado”. Finalmente, ambas periodistas le reconocen que es el amor que les hubiera gustado vivir a ellas, pero que prefieren, en novela, jugar con la tensión sexual.

El periodismo no va a desaparecer

La coda final es la imposición del tema latente. La “cuestión palpitante” es la situación del periodismo actual, su necesidad como instrumento para una democracia sana, una población formada e informada, sobre todo a la luz de las últimas investigaciones sobre corrupción. Los tres ponentes coinciden en que la caída de la publicidad es el principal problema, más allá de las operaciones financieras y bursátiles que los grandes grupos de comunicación han llevado a cabo, y apuntan que las ventas de periódicos no han descendido trágicamente.

Berna González Harbour defiende sin ambages la necesidad de un periodismo de calidad, que es caro pero urgente, y que en su opinión está representado por la cabecera, El País. José Sanclemente ubica el problema unos años atrás: “El 15M nos puso en nuestro sitio, nos criticó: ‘no nos representáis tampoco’, decían, y tuvimos que mirar para adentro. Tenemos que volver a los orígenes, actuar de contrapoder”.

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Esa especie de ambiente endogámico también lo han comentado otros periodistas de cierto prestigio en otros espacios. Incluso alguno ha declarado que “cierta rabia en el estómago y una economía que obligue a coger el metro” sitúa al periodista donde pertenece, en la calle. Por su parte, Maruja Torres señala las nuevas tecnologías como un avance que “me tiene enganchada”, pero que en cierta manera viven del trabajo de los demás, del contenido que otros preparan.

Todos coinciden: no saben hacia dónde se dirigen, pero el periodismo no va a desaparecer porque es necesario. “¿Quién dijo que estábamos ahí para ganar dinero?”, se pregunta González Harbour. José Sanclemente cita a Ignacio Escolar y el proyecto que ambos están sacando adelante, eldiario.es. Un nuevo modelo, sin un rumbo cierto respecto al futuro pero con las ideas muy claras: las del periodismo independiente y de calidad. Les toca, defienden, no pensar en el modelo de negocio y sí en la calidad de su trabajo, en devolver a los ciudadanos la información que les pertenece.

La calidad la miden en la profundidad de los reportajes, en la sensibilidad del redactor, en el movimiento de sentido común de los periodistas que desoyen los intereses del poder.

Y en el público nos lo creemos como quien se cree una consigna de pueblo unido.

A la vista de cómo se desarrollan los argumentos de unos y otros, la realidad se va revelando como el punto de unión entre las personalidades de autor y periodista, de esa doble personalidad. Las novelas, cada uno a su modo, les sirven para negar la realidad o absolverla, para ahondar en ella o para olvidarla. El compromiso de los periodistas con la realidad es absoluta. O no son periodistas.

Escucha la mesa redonda completa.

Novelas:

  • Verano en rojo, Berna González Harbour.
  • Tienes que contarlo, José Sanclemente.
  • 31 noches, Ignacio Escolar.
  • Sin entrañas, Maruja Torres.