Cuando un chico es demasiado mayor para ser un niño, pero demasiado joven para ser un adulto. Con esta breve introducción se nos abre la narración de una historia que baila entre el cuento de hadas y  la novela, y que, por lo tanto, nos hará partícipes de los dos mundos, a veces tan dispares, pero otras tantas muy parejos. En este caso, se mezclan para darnos algo nuevo que bebe de los dos mundos, el del adulto y el del niño, lo real y lo fantástico.

Las mezclas en esta cinta se dan por doquier. Encontramos cosas que al parecer son dispares, pero que bien entrelazadas, bajo la atenta mirada de aquél que sabe lo que hace, acaban resultando singularidades únicas y que obtiene sentido por sí mismas.

Un ejemplo de ello es la unión entre la ficción y el drama, ya que. sobretodo. esta película se nutre de estos dos elementos. Todo parte de un joven que necesita mostrar una madurez impuesta por su situación personal y que se ve agitado por una fantasía desbordada, mediante la cual intentará resolver sus conflictos interiores, para así poder dar un paso hacia delante y poder hacer frente al luto.

Y es que de eso trata Un monstruo viene a verme: del luto, de cómo este afecta a las personas, como las mueve y cómo reaccionan ante este. Durante el film podemos ver distintas facetas del dolor en los otros personajes de la película, quienes con sus roles muestran distintas facetas del drama. El monstruo, por su parte, es la metáfora de los miedos, las dudas, la rabia y finalmente la aceptación.

La obra que nos presenta Bayona es una de esas pequeñas joyas que te toca, capaz de generar sentimientos y sensaciones. De transmitir y de hacerte empatizar. Muy cuidadosa y milimétrica, con unos detalles muy mimados,  unos planos detallistas y muy perfeccionados que no dejan nada al azar.

En lo que se refiere la interpretación, el reparto sabe transmitir muy bien sus papeles, des del joven Lewis MacDougall (Connor), quien capta muy bien su rol y sabe comunicar bien lo que siente el personaje; Felicity Jones (Madre), quizás la más difícil de interpretar, pero que sabe jugar bien su papel; Sigourney Weaver (Abuela) quien juega un papel importante y con la que al final se consigue empatizar, a pesar que en un principio puede llegar a parecer lo contrario; Toby Kebbell (Padre), quizás el personaje menos influyente en la trama, pero que ayuda a dar profundidad a la película; y la voz de Liam Neeson (Monstruo) quién es en sí el centro de la película.

No resultaría extraño que este film sea premiado en futuros festivales, y es que su belleza hace sin duda que te emociones. Una de aquellas películas que pueden llegar a transmitir una docena de sentimientos mientras la ves, lo hace que valga la pena verla.